lunes, 30 de abril de 2012

capítulo 103: hasta lo imposible



Nada más terminar de leer esa maldita carta la rompí en mil pedazos. Completamente fuera de sí empecé a llamar a Cris una y otra vez pero siempre salía el maldito buzón.

Me vestí rápidamente y fui rumbo a su casa, durante el camino solo podía desear que no fuera demasiado tarde.

Cuando llegué a su puerta su madre me abrió, su rostro era de desolación al verla entendí que ya se había marchado.

Yo: dime donde se ha ido –ni siquiera fui capaz de saludarla.
Domi: no lo sé –dándome un abrazo desesperada –acabamos de leer su carta.
Yo: ¿a vosotros también os ha dejado una carta?
Domi: si, toma –alcanzándome el papel.

“Sé que desde mi accidente os he vuelto locos, que he cambiado vuestra vida, que nunca he vuelto a ser vuestra niña. Si hay alguien con quien realmente he sido injusta ha sido con vosotros.
Y es que nunca me paré a pensar en el daño que os hacía con mis idas y venidas, en lo mal que lo pasabais cuando decidía irme y volvía sin más…

Siento todo lo que habéis sufrido por mi culpa, quizás no soy ni seré nunca la hija perfecta, pero estoy segura de que vosotros fuisteis los padres perfectos. Porque habéis estado ahí, en silencio, aguantando mi mal humor, aguantando que no quisiera veros, aguantando que no me acordara de vosotros.

Aun así, a pesar de todo seguisteis a mi lado, recogiéndome siempre que me caía y no recuerdo la mitad de cosas vividas a vuestro lado pero el día que tuve mi primer recuerdo con vosotros. Cuando recordé mi cumpleaños, cumplía 8 años y estábamos en casa. Yo estaba esperando mi pastel y llegasteis vosotros, mis padres con una sonrisa y un pastel gigante en las manos, no sé porque recordé ese día pero estoy segura que hicisteis que todos mis cumpleaños fueran especiales.

Ahora nada es como cuando era pequeña, mi vida ha cambiado por completo y necesito irme. Esta vez nada va a poder retenerme, ni siquiera Dani… porque en parte me voy por él, para dejar de joderle la vida, para evitar que cometa alguna locura y ya no haya marcha atrás. Estoy segura que vendrá a buscaros, que os preguntará por mi, por eso no puedo deciros donde me voy… simplemente si le veis, por favor mama abrázale y pídele perdón una vez más.

Prometo que cuando llegué a mi destino os llamaré, gracias por ser mis padres y perdón una vez más por seguir haciéndoos daño, pero esto es lo mejor”

Acabe de leer la carta, se la devolvía a Domi y salí corriendo de esa casa.

Cuando llegué a mi coche, antes de arrancar me volví a derrumbar… lloré como hacía mucho  tiempo que no lo hacía, lloré como solo ella podía hacerme llorar, lloré todo y más y cuando ya no me quedaban lágrimas me fui a trabajar.

Cuando llegué todo el mundo me miraba, al instante supuse que lo sabían, ninguno se atrevió a decirme nada, quizás no sabían como consolarme.

Fui directo a mi camerino y a los dos minutos apareció Anna.
Anna: ¿Cómo estás?
Yo: ¿lo sabes?
Anna: si, todos lo sabemos –me miro comprensiva –esta mañana tenía una carta en el buzón.
Yo: -resoplé –parece que a todo el mundo le ha escrito cartas –en el fondo todo me parecía absurdo.
Anna: del equipo solo me la ha mandado a mi y como ella me pedía en la carta se la he enseñado al resto del equipo –me acercó un sobre blanco -¿quieres leerla?
Yo: ¿dice donde coño se ha ido? –Negó con la cabeza –entonces no necesito leerla.
Anna: -abriendo el sobre –hay una parte que deberías leer.
Yo: yo ya tengo mi carta… y he leído la que ha dejado a sus padres, en serio, no necesito leer más.
Anna: entonces te la leo yo… solo es un fragmento.

“… despídeme de todos y a él, a él cuídalo más que al resto, apóyalo incondicionalmente. Haz lo posible para que todos los días sean un poco mejores, permanece a su lado y haz que se olvide de mi… preséntale a mil chica si hace falta. Quítale de la cabeza las ganas locas que tendrá de buscarme, convéncele de que esto era lo mejor…. Haz hasta lo imposible, pero consigue como sea vuelva a sonreír”

Nos miramos en silencio, mientras una lágrima recorría mi mejilla.
Anna: ella ya se ha ido, pero tu sigues aquí y tal y como ella me ha pedido voy ayudarte a salir de esta –me miró con ternura.
Yo: gracias, pero sin ella nunca he podido y no voy a poder.

Anna: tarde o temprano podrás, yo y todos vamos apoyarte. La vida sigue después de Cris.
Me dio un abrazo lleno de cariño. Anna, esa amiga que estaba siempre a mi lado, sabía que ella y todos los demás iban hacer que esto doliera menos.

Aunque cada noche al llegar a casa muera, saldrá el sol.


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