Salí de ese bar dejando a
Cris con la palabra en la boca, sin ganas de escucharla, sin ganas de seguir luchando
solo, cansado de esperarla, cansado de tener paciencia, cansado de
absolutamente todo.
Llegué a casa, encendí la
tele y me dispuse a esperar que llegara la noche y después de ella saliera el
sol.
Me quede esperando el momento de volver a empezar, me quede buscando la
manera de estar sin ella, me quede pensando que rumbo tomaría mi vida un vez
saliera el sol.
Promesas incumplidas, así
podría resumir mi relación con Cris. Ambos nos hicimos mil promesas desde que
nos conocimos, de esas pocas se han cumplido, por no decir ninguna…
El sol salió antes de que
la desesperación me consumiera, pase la noche en una lucha constante para no
salir corriendo a buscarla. Para no ir y gritarle que sentía haber reaccionado
así, para no pedirle de nuevo que volviera, para no decirle que moría al volver
a dormir solo, que la necesitaba que la adoraba y nunca podría dejar de
hacerlo.
Pero seguir así,
discutiendo cada vez que recordara algo que no le gustará de nosotros,
intentando convencerla cada día de que nos queríamos, intentando explicarle
porque me perdona siempre, así tampoco quería ni podía vivir.
Cuando llegué a los
estudios fui a buscar mi guion y me dirigí a mi camerino para leerlo. Por
suerte no me encontré con nadie más que con Flo. Él vio perfectamente que algo
me pasaba, pero decidió no hacer preguntas, cosa que agradecí enormemente, no
me apetecía ni hablar ni escuchar consejos de nadie.
Mientras leía el guion
alguien pico a la puerta.
*: ¿Se puede? –Por la voz
supe al instante que era Cris y me quedé paralizado –vamos Dani, Flo me ha
dicho que estas aquí –me levanté y abrí la puerta-.
Yo: lo siento, me había
quedado dormido –intentando justificar mi retraso -¿Qué quieres?
Cris: ¿podemos hablar?
–la deje pasar y se sentó en el sofá, yo cogí la silla y me senté en frente de
ella -¿Cómo estás?
Yo: ¿has venido para
preguntarme como estoy? –extrañado-.
Cris: he venido para
comprobar si te pasa lo mismo que a mí…
-agachando la mirada-.
Yo: ¿Qué te pasa a ti?
–intrigado -.
Cris: que llevo una noche
sin ti y parece que estoy a punto de morir –me miró fijamente y pude ver como
los ojos se le humedecían -¿a ti te pasa lo mismo?
Yo: no –mentí-.
Cris: ¿no? –confundida-.
Yo: no Cris, ya no, he
muerto muchas noches cuando no te he tenido a mi lado, pero esta no –mis
palabras terminaron de hundirla y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos-.
Cris: ¿y porque esta
noche no?
Yo: no lo sé –cada vez me
costaba más mentirle –supongo que…
Cris: ¿Qué? –Impaciente
por escuchar una explicación-.
Yo: que claro que he
muerto esta noche –la miré fijamente –y esta noche volveremos a morir, pero
saldrá el sol y renaceremos… y con el tiempo cada noche moriremos menos y nos
acostumbraremos a estar el uno sin el otro –me interrumpió-.
Cris: no quiero eso –me
acaricio las rodillas –quiero estar contigo…
Yo: no te entiendo
–apartando sus manos de mis rodillas -¿Qué pasa ahora con todo el daño que te
he hecho?
Cris: estar sin ti me
duele mas que todo eso –esta vez cogió mis manos-.
Yo: acostúmbrate a estar
sin mí, como yo pienso acostumbrarme a estar sin ti…
Cris: ¿Por qué eres tan
frío conmigo?
Yo: porque no pienso
volver a correr el riesgo de perderte, porque estoy harto de volver siempre y
olvidar tus palabras. Estoy harto de promesas que eres capaz de romper en dos
minutos, partirme el alma y luego volver a como si no hubiera pasado nada…
Cris: Dani, joder,
podrías entenderme un poco ¿no?
Yo: mira, de eso también
estoy cansado –me miró mas confundida todavía –de tener que entenderte siempre
y que tu seas incapaz de entenderme una sola vez…
Cris: ¿Qué quieres que entienda?
Yo: que ayer me dejaste,
me dejaste y estuve casi dos horas intentando convencerte de que no lo hicieras,
pero no lo conseguí. Me dejaste y al hacerlo me partiste en mil pedazos y ahora
no quiero ni puedo volver a tu lado como si no hubiera pasado nada…
Cris: esta bien –parece
que por fin se dio por vencida –no voy a insistir más, lo siento.
Yo: créeme que yo también
lo siento.
Se levantó del sofá, me
miró fijamente, sonrió forzadamente y me dio un abrazo que yo correspondí con
toda el alma.
Estuvimos un tiempo
abrazados, despidiéndonos, ambos sabíamos que era el final. Quizás no para siempre,
pero si por mucho tiempo…
Salió de mi camerino y a
los 5 minutos me envió un whatshap.
“aunque no lo recuerde
todo, desde que desperté has llenado mi memoria de recuerdos inolvidables, me
has hecho feliz cuando pensaba que era algo ya imposible y aunque aún no se
como viviré sin ti, necesito decirte una última cosa… ME GUSTO SER PARTE DE TU
VIDA”

Que cuqui ese final... pobres los dos, dani es mu bestia, pero le entiendo, tiene que estar hasta los huevos de qeu pase siempre lo mismo
ResponderEliminar