Acababa de confesarle a
Cris todos mis miedos, acababa de decirle lo mal que lo había pasado, acababa
de abrir mi alma una vez más para no esconderle nada.
Ella me abrazaba, se
arrimaba a mi pecho con fuerza, suspiraba e intentaba calmarme pero no hablaba.
Sabía perfectamente que ya me había dicho todo lo que tenía que decirme. Acaba
de prometerme que no la perdería y en esos momentos eso era más que suficiente.
Cris: ¿estás mejor?
Yo: si –intentando
sonreír para no preocuparla –lo siento.
Cris: ¿Qué sientes?
–extrañada-.
Yo: haber reaccionado a
si…
Cris: es normal que
tengas miedo, en esta vida todos tenemos miedo alguna cosa –me acaricio –lo
único importante es aprender a superar tus miedos…
Yo: ¿a que tienes miedo
tú?
Cris: a lo mismo… a mi me
también me da miedo perderte, me da miedo que te canses de mi, me da miedo que
algo nos separé –me miró fijamente –pero no voy a permitir que mis miedos me
impidan ser feliz…
La besé bajo el cielo
infinito, durante nuestra conversación las pocas personas que quedaban por allí
habían desaparecido.
La verdad es que aquella
escena me recordaba excesivamente a cuando Cris vino a León para reconciliarse
conmigo, justo antes del accidente…
Cris: ¿Qué te pasa? –inconscientemente
había dejado de besarla-.
Yo: nada –volviendo a la
realidad –estaba en mi mundo…
Cris: pues vuelve al
nuestro –volvió a besarme todavía con más pasión que la vez anterior-.
Yo: Cris… -se apartó de
mi-.
Cris: ¿Qué? –poniendo cara
de buena -.
Yo: no parece un lugar
apropiado para… -me miraba desconcertada-.
Cris: vale –se dio la
vuelta y se dirigió hacia el coche-.
En un principio camine
tras ella, convencido que volver a casa era la mejor opción, pero a medida que íbamos
llegando mi cuerpo empezaba a caminar más despacio. Una parte de mi quería
quedarse en ese lugar, quería hacerla mía en esa explanada, quería repetir la
noche de león, quería acabar la noche en la que me había pedido matrimonio por
todo lo alto…
Yo: espera –se giró
impaciente -.
Cris: ¿Qué pasa ahora? –sospechando
que iba a soltar algo que volvería a desencajarla -.
Al principio simplemente
sonreí, me acerque ella, la abracé y la besó. Pero esta vez la que intento
hacerse la dura fue ella.
Cris: me has dicho que no
¿recuerdas? –mirándome enfadada -.
Yo: a veces digo muchas tonterías…
Volví a besarla y esta
vez ella no se resistió, sabía perfectamente que tenía las mismas ganas que yo.
Como siempre que estaba con ella el mundo desapareció, ambos olvidamos
completamente el sitio donde estábamos y nos dejamos llevar por lo que sentíamos,
dejamos que nuestros cuerpos gritarán lo mucho que se extrañaban, dejamos que
fueron ellos esta vez los que confirmarán que iban a dejar atrás los miedos,
dejamos que ellos se demostraran que jamás iban a perderse. Que nunca íbamos a
dejar de formar parte el uno del otro.
Cris: me encanta hacer
locuras como estas…
Yo: y a mi también, no lo
recuerdas pero… -me interrumpió-.
Cris: si lo recuerdo –la miré
desconcertado –estuvimos juntos en un lugar parecido a este ¿no?
Yo: si, en León ¿Cuándo lo
has recordado?
Cris: mientras hacíamos el
amor –me sonrió y me beso –parece que cada vez que hacemos algo parecido a
nuestro pasado, lo recuerdo –me abrazo fuertemente-.
Yo: entonces habrá que
empezar a revivirlo todo.
Estuvimos un rato más tumbados
en el césped hasta que decidimos volver a casa. Nada mas llegar nos pusimos a
dormir, ya que era bastante tarde.
Al día siguiente fuimos
juntos al estudio, yo llevaba mi anillo en la mano y mientras estábamos en el
coche ella me pregunto.
Cris: ¿no vas a sacártelo?
–la miré extrañado -.
Yo: ¿Por qué?
Cris: no se, ya sabes
como son tus fans que lo analizan todo al detalle, quizás si te lo ven
sospechan –agachando la mirada-.
Yo: ¿Qué quieres que me
lo quite? –Negó con la cabeza y yo sonreí –pues entonces que digan lo que
quiera, al fin y al cabo si nos casamos se van a enterar ¿no?
Pasamos en camino riendo,
decidimos contarles a nuestros compañeros durante la reunión que íbamos a
casarnos. Ellos para mi eran mi segunda familia y me hacía ilusión que fueran
de los primeros en enterarse.
Estábamos a punto de
terminar la reunión cuando decidí tomar la palabra.
Yo: bueno chicos –haciendo
una leve pausa –Cris y yo tenemos que deciros algo.
Anna: a ver cuenta,
cuenta –las miradas de todos se pusieron en nosotros dos-.
Yo: Cris y yo vamos a casarnos.
Al principio todos se
sorprendieron, pero rápidamente empezaron a felicitarnos. Ellos mejor que nadie
habían visto todos los estados por los que había pasado nuestra relación,
sabían lo difícil que había sido para nosotros superarlo todo y sobretodo
sabían lo mucho que nos queríamos.
El único que no nos
felicitó fue Raúl. En verdad Raúl hacía mucho tiempo que había dejado de ser un
problema. Durante el accidente de Cris se mantuvo al margen y en ningún momento
intentó confundirla contándole a Cris su historia.
Pero aun así había algo
en su mirada que me intrigaba, estaba mirándonos fijamente mientras los demás nos
felicitaban y con una sonrisa que no conseguía descifrar.
Cuando los ánimos se
calmaron él tomó la palabra.
Raúl: antes de casarte
deberías ver esto –lanzo un DVD sobre la mesa –estoy seguro que después de ver
esto no vas a querer casarte.

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