Pasaron los días y Cris y
yo no volvimos hablar de nosotros, la verdad, es que no hablamos de
prácticamente nada.
Nuestras conversaciones
no iban más allá de un “hola, ¿como estas? ” Y lo mucho o poco que sabía de su
vida era lo que se le escapa de vez en cuando a Anna.
Gracias a ella supe que
Cris había recordado gran parte de su amistad y algo de su infancia. Supe que
la relación con sus padres era cada vez mejor, ya que, poco a poco Cris se
había ido acordando de ellos… lo que no sabía, ni quería saber, era si Cris
había recordado algo más sobre nosotros.
Un viernes decidimos ir a
tomar algo todo el equipo de Otra Movida, quedamos directamente en un
restaurante…
Por primera vez llegué el
primero, me senté en la mesa a esperar al resto y mientras empecé a mirar la
carta. Unos segundos después una voz interrumpió mi lectura.
*: Hola –alcé la vista de
la carta y la vi a ella-.
Yo: Hola… -aunque ya habían
pasado dos semanas seguía siendo incapaz de no temblar al verla.
Cris: ¿todavía no ha
llegado nadie? –negué con la cabeza y ella cogió un asiento justo delante mio -
¿Cómo estás?
Yo: bien… ¿tú?
Cris: no me puedo quejar.
Nos quedamos mirándonos
durante unos segundos, ella esbozo una sonrisa y empezó a mirar la carta. Una
vez más habíamos vuelto a tener la misma conversación absurda y una vez más
ninguno de los dos dijo nada más seguramente porque a día de hoy ambos
seguíamos sin saber que decirnos.
Poco a poco fueron
llegando el resto, esta vez el último fue Raúl. La noche transcurrió entre
risas y Cris y yo no volvimos hablar durante toda la cena.
Es cierto que de vez en
cuando era inevitable que nuestras miradas se cruzaban, pero si eso pasaba
ambos miramos hacía otro lado rápidamente.
Después de la cena la
mayoría decidió irse para casa, pero
algunos decidimos salir un poco de fiesta.
Por extraño que parezca
entre los que decidimos ir a tomar algo se encontraba Anna, la cual insistió
enormemente en que Cris nos acompañara.
Anna: venga Cris vente
con nosotros…
Cris: mejor otro día, hoy
estoy muy cansada.
Anna: otro día yo no voy
a querer –mirándola con cara de niña pequeña -.
Cris: está bien… vamos.
Empezaron a caminar
delante nuestro, cogidas del brazo. La verdad que hubiera preferido que Cris se
hubiera ido, ahora éramos solo unos cuantos y la necesidad de hablarla era cada
vez mayor, ya no era tan fácil ignorarnos.
En la discoteca nos ofrecieron un reservado para
que la gente no nos agobiara pero aun así hubo muchos que nos reconocieron…
Nada más llegar, todos
dejaron sus cosas y se fueron a bailar, todos menos Cris que decidió quedarse
sentada en los sofás del reservado. Cuando la vi sola fue inevitable hablar con
ella.
Yo: ¿tú no bailas? –me
miro sorprendida -.
Cris: no…
Le sonreí y me fui a la
pista sin decirle nada más. Mientras bailaba podía ver su mirada pendiente de
todo lo que hacía. Es cierto que un par de chicas se acercaron a mi, pero hubo
una con la que si que estuve un buen rato bailando.
Reconozco que aún no se
si bailaba con esa chica porque me gustaba o simplemente porque sabía que Cris
me estaba mirando…
Después de estar un rato
bailando con esa chica, de la que no sabía el nombre, en un descuido me beso…
Al instante me aparte de
ella e instintivamente mis ojos se dirigieron hacía donde estaba Cris para ver
si ella había visto el beso…
Nuestras miradas se
cruzaron y ella salió corriendo, yo me hice un hueco entre la gente para ir tras ella.
Al salir de la discoteca
me la encontré sentada en la acera, me acerqué a ella, me senté a su lado y
pude ver que estaba llorando. Al verme se seco las lágrimas…
Cris: ¿Qué quieres?
–mirando para otro lado -.
Yo: saber porque te has
ido corriendo…
Cris: -resoplando –como
si no lo supieras.
Yo: ¿es por lo que acabas
de ver? –asistió –Cris tarde o temprano alguno de los terminará rehaciendo su
vida… -me interrumpió-.
Cris: lo sé –por primera
vez me miró –sería absurdo pensar que vas a pasar el resto de tu vida solo, y sé
que llegará un día en el cual todo esto deje de dolerme, pero hasta entonces no
tengo más remedio que salir corriendo siempre que veo que alguien se te acerca
y pude convertirse en mi sustituta…
Yo: eres insustituible –esas
palabras salieron de mi boca inconscientemente -.
Cris: TE Q… -la interrumpí
antes de que terminará esa frase-.
Yo: créeme, será mejor si
no dices que me quieres.
Cris: tienes razón –me miro
con los ojos llorosos –si es lo que quieres soy capaz de callar mi amor solo
por verte feliz.
Yo: mi felicidad siempre
ha estado en tus manos, no imaginas lo que me ha costado entender que en esta
vida no hay que depender de nadie… ahora estoy luchando para no depender de ti,
para que mi vida no dependa de si me miras, de si mi tocas, de si me sonríes…
luchando para depender exclusivamente de mi. Pero si vienes y me dices que me
quieres, todo lo que he conseguido en estas dos semanas va irse a la mierda…
Cris: ¿has conseguido ser
feliz?
Yo: he conseguido vivir
sin ti y por el momento eso es más que suficiente…
Cris: ¿Por qué has salido
a buscarme?
Yo: no lo sé –en realidad
seguía sin entender que hacia allí –supongo que hay cosas que siguen siendo
inevitables.
Los dos sonreímos y
volvimos a la discoteca. El resto de la noche cada uno hizo lo que le apetecía,
yo seguí bailando y ella termino haciéndolo también.
Reconozco que al igual que
ella, siempre estaba pendiente de ver quien se le acercaba y ver si hacía algo
con alguien. Pero al igual que yo simplemente bailamos…
Cuando llegué a mi casa,
empecé a recordar mi conversación con Cris y supe que había algo que no le había
dicho. Así que cogí el móvil y le escribí:
“ojala te hubieras dado cuenta
que a pesar de las caídas yo seguía construyendo para ti nuestro mundo día a
día… pero ya no estás y ya no estoy en
tu vida”
Al instante ella contestó.
“ojala hubieras entendido
que eras tú mi sol, mi centro… mi universo”

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