martes, 1 de mayo de 2012

capítulo 104: mucho suponer



Me despierto, miro a mi alrededor y la veo. Esta vez la que amanece en mi cama es rubia, la observo unos segundos y reconozco que la pasada noche hice una buena adquisición.

Me levanto, me dirijo a la ducha y una vez dentro la recuerdo… hace un mes que se fue, un mes que no se absolutamente nada de ella. Poco a poco ha dejado de dolerme, mi vida ha cambiado completamente, mi rutina dejo de ser ella para convertirse en amigos, fiesta y chicas de discoteca.

La verdad es que cada noche terminaba con una distinta, por suerte hasta el momento, todas entendieron que eran simplemente un rollo de una noche y al día siguiente desaparecían… si soy sincero no recordaba el nombre ni de mitad.

Salí de la ducha y en mi cama ya no había nadie, menos mal, ese fue mi primer pensamiento. Otra vez me había librado de dar explicaciones. Me vestí rápidamente en menos de media hora iba a llegar Anna con mi desayuno.

Desde que Cris se fue mis amigos se habían organizado de la siguiente manera: Anna venía todas las mañanas a desayunar conmigo y nos íbamos al trabajo, al terminar siempre me espera Juampe o Chuspi para tomar algo y por la noche siempre algún amigo soltero venía a buscarme para salir de fiesta.

Había pocos momentos, por no decir ninguno en los que estuviera solo, quizás por eso ella no ocupaba mis pensamientos. Pero en momentos como este, cuando no hacía nada, no podía evitar pensarla.
Reconozco que pensaba en ella pero ya no lloraba, pensaba en ella en si sería feliz y sonreía al convencerme de que esta bien, si no lo estuviera habría vuelto ¿no?

Al principio pensaba que volvería a los dos días, que abría la puerta y sería ella… pero ese pensamiento desapareció con el tiempo al igual de las ganas de volver con ella.

Dicen que el secreto tras una ruptura es la paciencia y yo había tenido la suficiente para seguir sin ella.

A las 10 en punto Anna estaba picando a mi puerta.
Anna: Hola –con la mejor de sus sonrisas –hoy he traído unos sándwich y zumo de naranja.
Yo: perfecto –devolviéndole su sonrisa –estoy muerto de hambre.
Anna: por el estado del salón deduzco que ayer cayó otra ¿no?
Yo: deduces bien –riendo.

Desayunamos entre risas, ella me contaba alguna tontería de Miki y yo algún detalle de mi noche anterior. Siempre la misma escena desde hace un mes…

Nos dirigimos al trabajo, en el programa nada había cambiado… una chica nueva llamada Gala sustituía a Cris. Era un chica guapa, morena, sonriente… la verdad es que era muy parecida a Cris. Quizás por eso casi no nos hablábamos, siempre que la miraba era inevitable ver a Cris.

De Raúl no había vuelto a saber nada, había desaparecido de mi vida el mismo día que salió del programa y quizás eso era lo único bueno de todo lo que me había ocurrido en este tiempo.

Llegué a mi casa después de tomar algo con Chuspi sobre las 10 de noche. Hoy iba a ser  el primer día que no iba a salir y no por falta de ganas sino porque mi cuerpo pedía a gritos un poco de descanso.

Estaba haciéndome algo rápido de cenar, cuando llamaron a mi puerta.

Fui corriendo abrir y entonces la vi… antes de que pudiera reaccionar ella comenzó hablar.

Cris: imagínate esto: estoy lejos, muy lejos, en Australia más concretamente. Toda va genial, la gente me trata bien y consigo un trabajo a los pocos días. Un trabajo estupendo donde me siento realizada pero lloro constantemente  y el chico que traba conmigo me pregunta que me pasa y le digo que echo de menos a mi novio. Que le echo mucho de menos y me dice que si quiero volver y abro la boca para decir que no pero lo que sale de mis labios es si –cogió aire –eso paso y aquí me tienes.
Estaba de piedra justo en frente de ella después de escuchar su discurso. Ella me sonría mientras temblaba esperando una respuesta.

Pero no pude contestar, lo único de lo que fui capaz fue de cerrarle la puerta en la cara.

Había conseguido superar los primeros días, las primeras semanas, por primera vez creía que la curación era posible, que podía recuperar mi vida sin ella… aunque fuera mucho suponer.



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