Me despierto, miro a mi
alrededor y la veo. Esta vez la que amanece en mi cama es rubia, la observo
unos segundos y reconozco que la pasada noche hice una buena adquisición.
Me levanto, me dirijo a
la ducha y una vez dentro la recuerdo… hace un mes que se fue, un mes que no se
absolutamente nada de ella. Poco a poco ha dejado de dolerme, mi vida ha
cambiado completamente, mi rutina dejo de ser ella para convertirse en amigos,
fiesta y chicas de discoteca.
La verdad es que cada
noche terminaba con una distinta, por suerte hasta el momento, todas
entendieron que eran simplemente un rollo de una noche y al día siguiente
desaparecían… si soy sincero no recordaba el nombre ni de mitad.
Salí de la ducha y en mi
cama ya no había nadie, menos mal, ese fue mi primer pensamiento. Otra vez me
había librado de dar explicaciones. Me vestí rápidamente en menos de media hora
iba a llegar Anna con mi desayuno.
Desde que Cris se fue mis
amigos se habían organizado de la siguiente manera: Anna venía todas las
mañanas a desayunar conmigo y nos íbamos al trabajo, al terminar siempre me
espera Juampe o Chuspi para tomar algo y por la noche siempre algún amigo
soltero venía a buscarme para salir de fiesta.
Había pocos momentos, por
no decir ninguno en los que estuviera solo, quizás por eso ella no ocupaba mis
pensamientos. Pero en momentos como este, cuando no hacía nada, no podía evitar
pensarla.
Reconozco que pensaba en
ella pero ya no lloraba, pensaba en ella en si sería feliz y sonreía al
convencerme de que esta bien, si no lo estuviera habría vuelto ¿no?
Al principio pensaba que
volvería a los dos días, que abría la puerta y sería ella… pero ese pensamiento
desapareció con el tiempo al igual de las ganas de volver con ella.
Dicen que el secreto tras
una ruptura es la paciencia y yo había tenido la suficiente para seguir sin
ella.
A las 10 en punto Anna
estaba picando a mi puerta.
Anna: Hola –con la mejor
de sus sonrisas –hoy he traído unos sándwich y zumo de naranja.
Yo: perfecto –devolviéndole
su sonrisa –estoy muerto de hambre.
Anna: por el estado del
salón deduzco que ayer cayó otra ¿no?
Yo: deduces bien –riendo.
Desayunamos entre risas,
ella me contaba alguna tontería de Miki y yo algún detalle de mi noche
anterior. Siempre la misma escena desde hace un mes…
Nos dirigimos al trabajo,
en el programa nada había cambiado… una chica nueva llamada Gala sustituía a
Cris. Era un chica guapa, morena, sonriente… la verdad es que era muy parecida
a Cris. Quizás por eso casi no nos hablábamos, siempre que la miraba era
inevitable ver a Cris.
De Raúl no había vuelto a
saber nada, había desaparecido de mi vida el mismo día que salió del programa y
quizás eso era lo único bueno de todo lo que me había ocurrido en este tiempo.
Llegué a mi casa después
de tomar algo con Chuspi sobre las 10 de noche. Hoy iba a ser el primer día que no iba a salir y no por
falta de ganas sino porque mi cuerpo pedía a gritos un poco de descanso.
Estaba haciéndome algo rápido
de cenar, cuando llamaron a mi puerta.
Fui corriendo abrir y
entonces la vi… antes de que pudiera reaccionar ella comenzó hablar.
Cris: imagínate esto:
estoy lejos, muy lejos, en Australia más concretamente. Toda va genial, la
gente me trata bien y consigo un trabajo a los pocos días. Un trabajo estupendo
donde me siento realizada pero lloro constantemente y el chico que traba conmigo me pregunta que
me pasa y le digo que echo de menos a mi novio. Que le echo mucho de menos y me
dice que si quiero volver y abro la boca para decir que no pero lo que sale de
mis labios es si –cogió aire –eso paso y aquí me tienes.
Estaba de piedra justo en
frente de ella después de escuchar su discurso. Ella me sonría mientras
temblaba esperando una respuesta.
Pero no pude contestar,
lo único de lo que fui capaz fue de cerrarle la puerta en la cara.
Había conseguido superar
los primeros días, las primeras semanas, por primera vez creía que la curación era
posible, que podía recuperar mi vida sin ella… aunque fuera mucho suponer.

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