martes, 8 de mayo de 2012

capítulo 112: nuestro mundo



Después de esa conversación en el coche Cris y yo decidimos que el próximo fin de semana iríamos a León para contárselo todo a mis padres.

Sabía que Cris tenía repor por la mañana, así que después del programa iba a tener la tarde libre. Se me ocurrió comentarle que mañana podría ser un buen día para empezar a buscar iglesia.

Yo: cariño –abrazándola por la espalda mientras colocaba la mesa para cenar –mañana tienes la tarde libre ¿no?
Cris: si –dándose la vuelta y dándome un suave beso en los labios.
Yo: perfecto –volviendo a besarla.
Cris: ¿por? –desconcertada.
Yo: para aprovechar la tarde juntos –me sonrió y volvió a besarme. La verdad es que desde nuestra reconciliación no intercambiábamos más de dos frases sin besarnos.

Mientras nos perdíamos en nuestros besos, llegó nuestra comida.Me dirigí a la puerta, pagué al repartidor y llevé la comida a la mesa. Esa noche habíamos decidido comer pizzas.

Terminamos la noche como todas las anteriores, durmiendo desnudos en nuestra cama.  Ella se durmió antes que yo. A mi me apetecía contemplarla unos instantes. Mientras la miraba no podía dejar de pensar que su silueta desnuda en mi cama era la compañía perfecta.

Al día siguiente, como ya sabía, al despertar no estaba. Deduje que se había levantado intentando hacer el mayor ruido posible para no despertarme y lo había conseguido.

Al girarme sobre la cama, noté que me había clavado algo. Me aparte y levanté la sabana intrigado.

Al alzar la sabana me encontré un huevo kínder con una nota al lado:
“Prometo quedarme siempre a menos de un kilómetro, y que todo lo que sienta seguirá siendo tuyo. Prometo besar tus labios, mirarte a los ojos, decirte que todo es un sueño y estamos despiertos…
PD: espero que te guste el desayuno”

Sonreí como un niño pequeño. Solo dios sabe como había echado de menos sus detallitos todas las mañanas que pasé sin ella.

Decidí guardarme el huevo Kínder y llevármelo al trabajo donde la vería para comer.
Nada más llegar a los estudios pasé por su camerino con la esperanza que ella no estuviera. Abrí la puerta y por suerte no había nadie.

Cogí un papel y le dejé la siguiente nota junto al huevo kínder en el tocador.
“es mejor que los sueños, mejor que todo y a la vez mejor que nada. Es inexplicable, inimaginable y sobretodo inigualable. Es a veces dulce, a veces amargo, a veces difícil y otras veces tan fácil. Es nuestro y no olvides que pase lo que pase, aunque parezca que ya no queda nada siempre tendremos nuestro mundo.
Pd: los huevos kínder pueden comerse a cualquier hora del día y hoy prefiero que sea mi postre y compartirlo contigo”

Salí de su camerino intentando que nadie me viera. Después de leerme el guion me dirigí al comedor.
A los pocos minutos de sentarme ella apareció por la puerta. Nada más entrar busco mi mirada y me enseño el huevo Kínder acompañado de una amplia sonrisa. Poco a poco se acercó a mí y me dio un suave beso en los labios.

Al instante todos los presentes nos miraron. El viernes ni siquiera nos mirábamos y ahora 3 días después estábamos en el comedor comiéndonos a besos.

Cris y yo éramos conscientes que todo el mundo nos estaba mirando así que nos separamos y decidimos aclararlo todo.
Yo: antes que preguntéis –un poco avergonzado –si, nos hemos dado una nueva oportunidad.

Todos se rieron, la gran mayoría sabía que tras la vuelta de Cris tarde o temprano íbamos a volver juntos.
Cris: parece que no les ha sorprendido –sonriéndome.
Yo: será que están acostumbrados a nuestras idas y venidas –los dos nos reímos y ya sin la mirada atenta de nuestros compañeros volvimos a besarnos.

Al terminar de comer poco a poco todos volvieron a su rutina, pero Cris y yo todavía teníamos que comernos nuestro postre.

Cris lo sacó de su bolsillo y empezó abrirlo como una niña pequeña. Lo partimos por la mitad y cada uno se comió un trozo del huevo. Parecíamos dos niños pequeños, pero quizás su inocencia, esa mezcla de niña y mujer era lo que más me atraía de ella.

Al terminar el programa le envié un whatshap explicándole que la esperaba en el coche.
Llevaba menos de 5 minutos con ella cuando apareció, ya vestida de calle y con su estupenda sonrisa.
Yo: ¿lista para encontrar la Iglesia perfecta?

1 comentario:

  1. Me enamoro! Ains, por favor -suspiro-xD Que bonicos!!
    Me ha encantado lo del huevo kinder.. y me enamorado de la frase esa de "esa mezcla de niña y mujer" yo la verdad es que creo q es eso... :D
    Eso, que me lio, que me gusta muchísimo y que quiero más!! A ver qué Iglesia les encuentras! :D

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