Tras mi primer golpe
Miguel cayó al suelo. Mi rabia era tal que estaba a punto de volver a pegarle
cuando alguien me cogió por la espalda.
Cris: para por favor –su
voz esa que tantas me había tranquilizado ahora solo hacía que aumentar mi
rabia. Me deshice de ella a mala manera y volvía a encararme con Miguel que permanecía
en suelo.
Yo: no me digas que ya no
puedes levantarte –en tono vacilón.
Miguel: ¿estas loco? –poniéndose
de pie mientras se sobaba la cara adolorida por el golpe.
Yo: veo que de pie si
sabes ponerte –me miro enfurecido y se acercó a mi para devolverme el golpe,
pero Cris otra vez se puso en medio.
Cris: para –esta vez
sujetaba a Miguel.
Yo: quítate del medio
Miguel y yo tenemos que solucionar las cosas.
Cris: aquí con la única
que tienes que solucionar algo es conmigo – buscaba mi mirada – Miguel no me
puso una pistola en la cabeza para
someterme al tratamiento – por primera vez la miré – deja de montar el espectáculo
y vámonos –suplicándome.
Miguel: no te vas a ir
con él –sujetando a Cris por el brazo -¿no ves que esta fuera de si? –quise hablar
pero Cris me interrumpió.
Cris: esta fuera de si
pero es Dani –me miró dulcemente – y Dani nunca me haría daño.
Por un momento la rabia
desapareció y respondí a sus palabras con una leve sonrisa. Me dirigí a la
salida del hospital y ella me seguía a pocos metros de distancia. Hasta que
llegamos al coche no cruzamos palabra.
Cris: ¿ya estas más
tranquilo? – estábamos dentro del coche pero no habíamos arrancado todavía. Antes
teníamos que hablar.
Yo: ¿tranquilo? ¿Cómo quieres
que este tranquilo? –me acarició el pelo intentando que me calmara – es que
sigo sin entender que coño se te paso por la cabeza para hacer semejante
locura. ¿No te das cuenta que no tienes una sola garantía que lo que estás
haciendo sirva para algo? –Cris dejo de acariciarme y agachó la mirada.
Cris: ¿ves? Por eso no te
lo quería contar. Porque sabía que ibas a ponerte así. Sabía que únicamente ibas
a pensar en lo malo e ibas a olvidar por completo que esta es la única forma
que tengo para recordar –chillando.
Yo: ah –abriendo las
manos –perdona por ser el único que pone un poco de cordura a todo esto. Perdona
por no aplaudirte después de todo lo que me has contado.
Cris: no te estoy
pidiendo que me aplaudas –me miró fijamente – simplemente te pido que te
calles, que te guardes tu opinión y me apoyes en esto.
Yo: -negué con la cabeza –no
puedes pedirme eso.
Cris: ¿Por qué?
Yo: no puedes pedirme que
me quede de brazos cruzados mientras veo que sigues siendo una puta cobaya. Joder Cris… ¿crees que si el maldito tratamiento fuera tan
bueno Juan no lo estaría probando con su mujer? –agachó la mirada.
Cris: ¿entonces no vas
apoyarme? –me miró fijamente de nuevo, sus enormes ojos me miraron suplicantes,
impacientes.
Yo: deja el tratamiento y
prometo apoyarte en todo –agacho la mirada.
Cris: no pienso dejar el
tratamiento, gracias a él ahora mismo recuerdo los últimos días antes de mi
accidente. Y cada día al despertar los recuerdos aumentan…
Yo: ¿entonces que
hacemos? Porque yo no puedo quedarme a
tu lado, ver que recuerdas y que de aquí un mes, quizá dos, descubramos que ese
tratamiento vuelve a ponerte en peligro…
Cris: ¿y si por una vez
las cosas nos salen bien? ¿Si recupero mi vida y no pasa nada?
Yo: las cosas ya estaban
a punto de salirnos bien Cris. Aunque no recordaras nada estábamos mejor que
nunca, pero parece que lo único que te importa es recordar y te has olvidado de
vivir.
El silencio se creo en
nosotros. Los dos nos quedamos callados dentro de ese coche pensando en todo lo
que acababa de ocurrir mientras nos mirábamos de reojo.
Unos minutos más tarde, después
de mil suspiros por ambas partes. Cris me miró tenía esa mirada. Esa que
siempre ponía cuando estaba a punto de volver a huir, pero esta vez yo me
adelante.
Yo: no me digas nada y
vete.
Cris: ¿Cómo?
Yo: es lo que ibas a
decirme ¿no? –agachó la mirada.
Cris: no, yo prometí no
volver a huir
Yo: tienes razón –cogí aire
y dije lo que estaba pensando desde que entramos al coche - creo que por primera
vez el que se va soy yo.
Arranqué el coche y puse
dirección a los estudios, ya que, teníamos que hacer un programa.
Durante todo el trayecto
permanecimos en silencio otra vez. Ambos teníamos los ojos llorosos, éramos
conscientes que al llegar a los estudios y bajarnos del coche iba a volver la
soledad.
Y esta vez no era ella la
que salía corriendo, esta vez era yo el que no podía. No era capaz de seguir a
su lado como si nada, no podía apoyar lo que consideraba una locura y estaba
seguro que iba a terminar saliendo mal.
Aunque en el fondo
deseaba equivocarme, deseaba que todo saliera bien aunque no estuviera a su
lado. Porque aunque no estuviéramos juntos si le pasaba algo volvería a sufrir
como nunca.
Antes de bajarse del
coche nos miramos por última vez. A ella se le caían las lágrimas y estaba a
punto de decirme algo pero el dolor la detuvo. Agachó la mirada abrió la puerta
del coche, bajo de este y justo cuando iba a cerrar la puerta tomé la palabra.
Yo: espero equivocarme y que ese tratamiento funcione – se mordió el
labio intentando no llorar más y volví a
tomar la palabra – siento no acompañarte en este viaje.
Acho Danié... o blanco o negro... hay tonalidad en el medio. No hace falta que la apoyes pero no hace falta tampoco que te vayas...
ResponderEliminar¿Como acabará esto? SIGUIENTE!!