Cuando desperté la tenia
entre mis brazos. Al verla sonreí, tenerla junto mi parecía un sueño. El mejor
sueño de mi vida. La he perdido y la he encontrado tantas veces que ya ni las
recuerdo. Cada vez que terminaba, ambos pensábamos que era siempre, pero nunca
por más que lo intentará, nunca había sido capaz de dejar de soñarla.
Y aquí estaba ella, otra
vez en mi cama. Durmiendo entre mis brazos, como si nunca hubiera dejarlo de
hacerlo. Obligándome a permanecer a su lado a pesar de todo…
Y aquí estaba yo,
volviendo abrazarla. Volviendo a su lado una vez, olvidando mis miedos e
intentando volver a confiar en ella.
Poco a poco los rayos de
sol entraron por la ventana, reflejándose en su cara. Al notarlo ella empezó a
jugar con las sabanas, resistiendose abrir los ojos. Como una niña pequeña.
Yo no puede evitar soltar
una carcajada al ver su cara y la abracé con fuerza. Hasta terminar dando
vueltas por la cama, mientras ella renegaba.
Al final quedé encima de
ella, abrió los ojos, me sonrió y como una niña pequeña giro la cara mientras
cerraba los ojos para intentar seguir durmiendo.
Yo incapaz de dejarla
dormir, aproveché su nueva postura para llenar su cuello de besos. Al principio
ella intento resistirse haciéndose la dormida, pero inevitable al ver que yo no
para comenzó a reírse.
Escuchar su risa otra vez
sonando en mi cabeza era la mejor melodía de todas, esa risa que hacia que yo
empezará a reír al igual que ella, sin ni siquiera saber el motivo.
Cuando paré de besarla. Me
tumbé a su lado, boca abajo. No podía dejar de contemplarla. Ella permaneció
estirada, boca arriba. Cuando termino de reír, giró su cabeza y me miró.
Cuando nuestras miradas
se encontraron, después de aquella noche. Después de volver a sentirse, a ambos
se nos humedecieron los ojos. Mientras sonreíamos.
Cris: antes me despertabas
con buenos días princesa –me acerqué a ella y le acaricie la cara.
Yo: buenos días princesa –ella
sonrió y nuestros labios volvieron a encontrarse.
Cris: ¿lo que me dijiste
anoche iba en serio? –sabía que tarde o temprano iba a salir esa conversación,
pero reconozco que pensaba que saldría un poco más tarde. No nada más
despertarnos.
Yo: ¿a que te refieres? –intentando
asegurarme que hablábamos de lo mismo.
Cris: a lo de retomar
nuestros planes… -cogí aire, la miré y le respondí lo que realmente pensaba.
Yo: iba totalmente en
serio –al escucharme ella sonrió, y empezó a besarme. Antes de que siguiera yo
la detuve - espera –apartándola de mi y colocándola
como estaba antes –esta vez no me contestes con besos…
Cris: Dani –acariciándome
el pelo – he cometido muchos errores. Te he hecho mucho daño y eso es una de
las cosas que quizás nunca podré perdonarme. Nunca he querido hacerte daño y
las veces que lo he hecho a sido inconscientemente. ¿Crees que si no quisiera
pasar el resto de mi vida contigo te llenaría a besos cada vez que hablas de
nuestros planes? ¿Crees que sería tan mala de dejar hacerte ilusiones si no
fuera exactamente lo mismo que yo quiero? ¿Crees que desde el día que viajando
en globo te pedí que nos casáramos no sueño con ese momento todas las noches? ¿Crees
que en algún momento casarme contigo ha dejado de ser mi sueño? por que si lo
crees estas muy equivocado. Porque tengo exactamente las mismas ganas que tu, o
incluso más, de retomar todos nuestros planes.
Cuando termino de hablar,
fui yo el que se abalanzó sobre ella. La llené a besos, como hace unos instantes
ella había intentado hacerlo.
Volvimos a perdernos
entre mis sabanas una vez más. Al terminar intenté levantarme pero ella me lo impidió.
Cris ¿Dónde vas?
Yo: habrá que aprovechar
el día ¿no? –me abrazo fuertemente para que no me fuera.
Cris: hoy no, hoy no
hagamos absolutamente nada más que quedarnos en cama. Dándonos mucho amor.
Yo: ¿todo el día? –sorprendido.
Cris: ¿te parece mucho? –haciéndose
la enfadada.
Yo: contigo nunca es
demasiado.
Una vez más terminé haciéndole
caso y pasamos todo el día metidos en la cama. Simplemente salimos para comer
algo y volver entre besos directamente a la cama. Durante todo el día ella fue
mi único alimento.
Ya estaba oscureciendo,
la poca la luz que entraba a esas horas por la ventana le hacía parecer aún más
hermosa si se podía. Al verla no pude evitar imaginármela vestida de blanco,
entrando a la iglesia, con su sonrisa, con su dulzura, con su sencillez. Con todas
esas cosas que le hacían realmente única. Con todos esos detalles que me hacían
amarla cada día más.
Cris: ¿Qué piensas? –había
notado que no paraba de contemplarla.
Yo: que vas a ser la novia
más bonita del mundo –abrazándola.
Cris: eres un exagerado –me
aparté de ella.
Yo: ¿exagerado? ¿Crees no
es verdad? –me sonrió.
Cris: ¿Cuándo quieres que
nos casemos? –me quedé pensando unos minutos y entonces se me ocurrió una
genial idea.
Yo: ¿Qué te parece si lo
echamos a suertes? –Me miró sorprendida –espera un momento.
Me levanté de la cama,
fui a mi escritorio. Cogí unos cuantos papeles, 2 bolis y 2 cajas de zapatos.
A los dos minutos ya
estaba de nuevo metido en la cama.
Cris: ¿Qué es esto? –observando
todo lo que había traído sin entenderlo todavía.
Yo: mira –entregándole un
papel –rompe este papel en 31 pedacitos y en cada pedacito pon todos los números empezando por el uno y
terminando por el 31. Yo –cogiendo en otro papel –en este papel apuntaré todos
los meses del año.
No sabía si había
entendido exactamente lo que le estaba pidiendo pero empezó hacerlo con una
sonrisa en la cara. Al terminar, le pedí que colocará todos los papeles en una
de las dos cajas de zapatos y yo coloqué los míos en la otra.
Yo: veamos que fecha
elige el destino –ella me sonrió como una niña pequeña, primero revolví los
papeles donde estaban apuntados todos los días del mes –adelante, cierra los
ojos y coge un papel.
Cris se tapo los ojos con
una mano y con la otra cogió uno de los papeles. Estaba a punto de abrirlo
cuando la detuve.
Yo: espera, ahora me toca
a mí –estaba vez fue ella la que revolvió los papeles y yo cogí uno.
Cada uno tenía un papel en
la mano, ella el del día y yo el del mes. Los dos estábamos realmente nerviosos
por saber que nos deparaba la suerte. Ella fue la primera en abrir el papel.
Cris: 2 –sonriendo, al
escuchar el día yo abrí mi papel.
Yo: Agosto.
Empecé a reírme como un
loco, Cris me miraba extrañada, supongo que ella no entendía nada. Pero yo si,
yo lo recordaba todo y sabía perfectamente que el 2 de Agosto del 2010 fue el
primer día que la besé. Y ahora el destino había decidido que nuestra boda fuera
exactamente ese mismo día.
Yo: tú no lo recuerdas,
pero el 2 de Agosto del 2010 te besé por primera vez –esta vez fue ella la que
se rió.
Miramos el calendario a través
del móvil para ver en que día caía. Por suerte era sábado, parecía que el
destino estaba completamente de nuestra parte.
Cris: ¿pero y si no
encontramos Iglesia para esa fecha?
Yo: la encontraremos –acariciándola
–soy capaz de buscar en más de mil iglesias si hace falta, pero el destino, la
suerte, no pudo escoger mejor fecha. Así que no pienso cambiarla.
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