Nada más enviar el mensaje,
escuché el tono del Whashap, miré mi móvil pero el que acaba de sonar no era el
mio. Eché un vistazo por casa y en el suelo, justo en el lugar donde había
caído anteriormente la ropa de Cris estaba su móvil caído.
Me agaché para cogerlo,
me lo puse en el bolsillo y fui a buscar las llaves de mi coche. Estaba a punto
de salir de casa para ir a devolverme el móvil a Cris, cuando abrí la puerta y
me la encontré a punto de picar.
Cris: -sin mirarme a la
cara –me he dejado el móvil.
Yo: lo sé –buscando su
mirada sin encontrársela –ahora mismo iba a ir a llevártelo.
Cris: ¿y tu fiesta? –alzó
la mirada y a través de la puerta pude ver que no había nadie.
Yo: mira –le entregué su
móvil –alguien acaba de enviarte algo –me miro intrigada y me sacó el móvil de
las manos.
Vi como leía el mensaje y
sonreía. Antes de que pudiera hablar deposite mi índice en sus labios para
callarla, me acerqué a ella hasta acariciar su nariz con la mía y susurré.
Yo: solo dime que no te
vas a volver a escapar.
Aparté su pelo de su
rostro y deposite mis brazos en sus hombros. Entonces ella se acercó a mi como
un torbellino. No me contestó con palabras, simplemente me beso.
Sus labios y los míos por
fin volvieron a encontrarse. Por fin volvía a sentir sus besos, esos que
llevaba un mes buscando en otros labios sin éxito. Esos que nada más rozarme
hacían que perdiera la razón.
Tras el primer beso, fui
el que tomo la iniciativa. La cogí en brazos y sin dejar de besarla la llevé
hasta mi cama, nuestra cama. Esa que llevaba un mes llorándola y esperándola,
esa que habían ocupado mil chicas mientras imaginaba que la que estaba a mi
lado era ella.
Pero esta vez no eran
imaginaciones, estaba vez podría gritar su nombre convencido al 100% que el
cuerpo que besaba era el suyo. El mio en realidad, porque con cada beso
descubría que nunca había dejado de serlo.
Recorrí su cuerpo centímetro
a centímetro. Intentado que cada pedacito sintiera lo mucho que le había echado
de menos…Su cuerpo, mi más
absoluta locura, el único que conocía de memoria.
No exagero cuando digo que
conocía todos y cada uno de sus lunares, todos. Pero había uno que me volví especialmente
loco. Era un poco más grande que los demás y estaba situado justo en el centro
de su espalda.
Había besado ese mismo lunar
cientos de veces y solo esperaba volver hacerlo mil veces.
Cuando terminé de
besarla, volví a su rostro. Ella me detuvo, me miro fijamente. Sus ojos tenían
un brillo especial, parecía que estaba llorando.
Cris: -acariciándome el
pelo, mientras estaba tumbado justo encima suyo –eres lo mejor que podré tener
nunca.
Después de escucharla
volví a besarla, esta vez con más dulzura. Me acerqué a su oído y le susurré.
Yo: retomemos nuestros
planes –me dio un pequeño golpe con la cabeza para que la mirara.
Cris: ¿Qué planes? –intrigada.
Yo: NUESTRA BODA.
No me dijo nada,
simplemente me lleno de besos con tanta fuerza que acabo colocándose ella
encima mio.
Recorrió mi cuerpo
pedacito a pedacito, era la única que conocía todos mis puntos débiles e iba besándolos
uno por uno haciéndome estremecer.
Cuando no pude aguantar
más la frené. Cogí su cara y la acerqué a la mía.
Yo: deja de volverme
loco.
Sonrió y por fin dejo que
la hiciera completamente mía.
Esa mezcla perfecta de pasión
y dulzura. Esa combinación perfecta que solo conocen nuestros cuerpos. Esa manera,
esa forma de la que solo eres capaz de
entregarte a una persona.
Esa perfecta sintonía que
solo consigues con una persona y cuando la encuentras. Sabes perfectamente,
aunque a veces pierdas la esperanza, que tarde o temprano esa persona acabará
llenando tus noches.
Por dios, me encanta esos momentos de pasion.
ResponderEliminarQue bien lo haces que parece real.
Sige asi pero ESCRIBE YAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Oish...
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