jueves, 31 de mayo de 2012

capítulo 122: fuerte




Llegué a mi casa un poco más motivado. Esa conversación con Miguel y esa sonrisa final de Cris dirigida hacía mi me habían alegrado el día.

Por un parte era consciente que Cris me quería, que no dejaría de hacerlo y tarde o temprano iba a necesitarme y yo no iba a dudar ni un solo minuto en acudir a su llamada.

Estaba preparando algo de cenar cuando llamaron a mi puerta, me sequé las manos con un trapo de la cocina y fui a abrir.

Al abrir la puerta, sin decir nada Cris se tiro a mis brazos. Estaba llorando desconsoladamente, me cogía fuertemente de la cintura escondiendo su cara para no verla llorar.

Al verla así mi mundo se paralizo, cerré la puerta sin separarla de mí y pose mis manos en su pelo 
intentando calmarla.

Yo: no llores por favor –apretándola más fuerte contra mí – hago lo que sea pero deja de llorar.
Cris: solo abrázame.

La obedecí y sin soltarla nos sentamos en mi sofá. Seguía entre mis brazos llorando y yo empezaba a desesperarme al no saber calmarla.

Pasaron los minutos con ella entre mis brazos hasta que se apartó lentamente y empezó a secarse las lagrimas con las manos.

Cris: gracias – no pude evitar acercarme a acariciarle la cara al escucharla.
Yo: ¿vas a contarme porque estas así? –con la voz lo mas tierna posible.
Cris: te necesito – volviendo a llorar – sé que vas a sufrir a mi lado pero –cogiendo mis manos – sola no puedo, necesito que estés a mi lado, necesito que cada día que salga de la consulta estés ahí, me sonrías y me hagas creer que todo va a salir bien… aunque no lo creas, necesito que seas fuerte, que seas mi fortaleza. A cambio yo te prometo que no voy a rendirme.

Al escucharla volví a abrazarla, besé su frente tiernamente y pasados unos segundos ella volvió a apartase.
Cris: el tumor está en la misma zona que la otra vez, ha vuelto ha regenerarse –escuchaba atento intentando ser fuerte como ella me había pedido – pero esta vez creen que pueden tratarlo con quimio sin necesidad de operarme –parecía una buena noticia pero no estaba seguro.
Yo: eso es bueno ¿no?
Cris: -sonriendo por fin – si, de lo malo es lo mejor.
Yo: -devolviendo su sonrisa - ¿Cuándo empiezas la quimio?
Cris: la empecé el lunes – no puede evitar sentirme mal.
Yo: joder, Cris –ella entendió sin que dijera nada más el motivo de mi queja.
Cris: siento no habértelo dicho antes…
Yo: - acariciando su cara – mas vale tarde que nunca – siendo comprensivo.
Cris: ¿alguna pregunta más? –dulcemente.
Yo: si… ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?
Cris: - agachando la mirada -  Miguel
Yo: -sonreí al saber que había sido él - ¿y eso?
Cris: supongo que me ha hecho darme cuenta que sin ti no puedo…
Yo: -me acerqué a ella y bese su frente tiernamente – menos mal que te has dado cuenta –iba a bajar mis besos hacía sus labios pero ella me detuvo poniendo sus manos en mi boca.
Cris: espera… antes tienes que prometerme algo.
Yo: ¿Qué? –sorprendido.
Cris: promete que cuando llegue el día vas a ser fuerte –agaché la mirada aguantando las lágrimas, no quería tener esa conversación.
Yo: Cris… -cogiendo mi cara obligándola a que le mirara.
Cris: necesito estar segura de que vas a seguir adelante –no puede evitar ponerme a llorar al encontrar su mirada.
Yo: te lo prometo – poco convencido, pero diciendo lo que quería escuchar para terminar esa conversación – es tarde –mirando el reloj - ¿te quedas a dormir?

Asintió y se dirigió hacia la cama, yo permanecí unos minutos más en el salón intentando controlar mis lagrimas y ser fuerte como ella me había pedido.

Cuando llegué a la habitación ya estaba en la cama. Me acosté a su lado la abracé por la espalda y pose en un tierno beso en su hombro descubierto.

En ese momento, esa noche no pretendía nada más… había vuelto a mi lado porque me necesitaba y aunque iba a ser duro iba a estar a su lado.

Eran las 6 de la mañana cuando un sonido extraño me despertó. Nada más abrir los ojos mire al otro lado de la cama y vi que Cris no estaba. Me senté en la cama y escuché ese ruido constante con más atención, venía del lavabo.

Quise ir a ver que ocurría pero me detuve al detectar que ese ruido no era otro que el de Cris vomitando. Al darme cuenta resoplé y pensé “uno de los muchos efectos de la quimio” me recosté en la cama y mientras la escuchaba empecé a llorar.

Quería ir a verla pero sabía que no me perdonaría. Sabía que no quería que la viera así, que le dolería verme detrás suyo en esa situación. Lloraba desconsoladamente al saber que estaba sufriendo, lloraba al escucharla sufrir y lloraba todavía más al imaginar mi vida sin ella.

Lo extraño es que cuando te enfrentes a una situación como esa, cuando lo que más te importa del mundo esta en esa situación, cuando eres consiente de que tu vida de depende única y exclusivamente de que la vida te conceda el milagro de un día más para estar a su lado… Cuando la escuchas sufrir, por más que lo intentes, por más que lo aparentes, nunca consigues ni conseguirás ser fuerte.

martes, 29 de mayo de 2012

capítulo 121: me conoce





Después de ese día Cris y yo no volvimos hablar del tema. Ella me pidió un a vez más que me mantuviera al margen y sobretodo que no dijera nada a nadie más. Que era su vida, su enfermedad y ella sabría como quería llevarla.

Como era lógico jamás estuve de acuerdo con esa decisión pero no tuve más remedio que aceptarla. Como ella decía era su vida y esta vez había sido yo el que había decidido no formar parte de ella.
Os preguntareis si me arrepiento de esa decisión y creo que sobre deciros que me arrepiento todos los día. 

Fue un ataque de miedo,  de cobardía, de protección… no sé que me llevo a pensar que estando lejos de ella, si le pasaba algo no sufriría.

Ahora estoy sufriendo el doble. La veo todas las mañanas llegar a los estudios cada día más cansada, sin ganas, con sonrisas forzadas a cada segundo para que nadie sospeche su dolor.

Durante toda la semana no hubo día que no intentará hablar con ella, preguntarle como estaba, si necesitaba algo, si había ido al medico… y todos los días la misma respuesta: una sonrisa, seguida de un “estoy bien”

A parte de verla sufrir también tuve que aguantar durante toda la semana ver como todas las tardes Miguel venía a buscarla, supongo que para llevarla al hospital, pero verla subir a ese coche hacía que moría de rabia.

Digo rabia y no celos… digo rabia porque sabía perfectamente que si no hubiera salido corriendo el que la acompañaría todos los días sería yo. Aunque lo intentaba la verdad es que no odiaba a Miguel, era el único de todos los que se habían acercado a Cris que me parecía buena persona.

Es cierto que fue Miguel quien le hablo del tratamiento pero seguirlo fue única y exclusivamente decisión de 
Cris y desde ese momento Miguel es el que ha estado a su lado.

Desconocía si Miguel estaba enamorada de Cris, pero imaginaba que si. ¿Quién no se enamoraría de alguien como ella? ¿Quién después de pasar 5 minutos a su lado sería capaz de no soñarla resto de su vida?

Suponía que la quería al igual que suponía que ella seguía siendo solo mía.

El viernes después del programa me encontré con Miguel en la puerta de los estudios. Para mi sorpresa no estaba con Cris así que me acerqué a él.

Yo: Miguel –me miró asustado supongo que por lo que pasó en nuestro último encuentro – tranquilo – estrechando su mano – venía a disculparme por el golpe de la otra vez.
Miguel: -sonriendo – no pasa nada, seguramente yo también habría echo lo mismo.
Yo: ya – frotándome la barbilla con la mano- ¿estás esperando a Cris?
Miguel: si – apoyado en la pared.
Yo: ¿vais al medico? – adoptando su misma postura.
Miguel: no –intentando disimular mi sorpresa – hoy no tiene consulta.
Yo: ¿entonces? – quizás ahora si estaba celoso.
Miguel: vamos al cine.
Yo: -mi cabeza pregunto por mí - ¿estáis juntos?
Miguel: ¿juntos? –sorprendido.
Yo: si –avergonzado por haber sido tan directo.
Miguel: sabes mejor que yo que Cris quiere y querrá siempre a una sola persona –no pude evitar sonreír satisfecho.
Yo: pero eso puede cambiar…
Miguel: no –me miro tiernamente – cuando nos conocimos te dije que había visto a pocas parejas quererse tanto como vosotros –hizo una leve pausa y coloco sus manos en los bolsillos – ese tipo de parejas no dejan de quererse nunca.
Yo: ¿aunque no estén juntas? – los celos habían desaparecido y por fin volvía hablar con ese Miguel que tanto me aguantó en el hospital.
Miguel: aunque nunca vuelvan a estarlo…
Yo: ¿estás enamorado de ella? – me miró sorprendido.
Miguel: Cris es estupenda, seguramente de las mejores personas que he conocido en mi vida, pero enamorarme de ella sería un error.
Yo: ¿por?
Miguel: porque perdería Dani –sonreí ampliamente.

En ese momento Cris se acercó a nosotros interrumpiendo nuestra conversación.
Cris: Hola –dando dos besos a Miguel - ¿hace mucho que esperas?
Miguel: un rato –me miró con una sonrisa – pero ha servido para aclarar las cosas con un viejo conocido.
Cris: -mirándonos extrañada – Anda vamos – dando una palmada en el hombro a Miguel – ya me contarás por el camino que has hablado.

Yo: cuidado –soltando una carcajada – que cuando se pone agresiva demuestra que es de Vallecas.
Cris: yo de ti le haría caso me conoce… -terminé la frase por ella.
Yo: mejor que nadie.

viernes, 25 de mayo de 2012

capítulo 120: odiándome




No lo pensé más y subí las escaleras que me llevaban a su puerta.

Piqué y al segundo escuché a Cris:

Cris: ya abro yo mama – tras esas palabras abrió la puerta, al verme se quede petrificada. Tenía los ojos llorosos y su cara reflejaba lo mal que lo estaba pasando - ¿Qué haces aquí? –con la voz entre cortada.
Yo: necesito hablar contigo… ¿puedo?

Antes de que contestara Domi si asomó por la puerta.
Domi: ¿Quién es hija? –al verme sonrió y se acercó a darme un beso - ¿vas a pasar? –Cris contesto por mí.
Cris: no – miró a su madre – vamos a irnos a cenar fuera – esta vez me miró a mi – dame 5 minutos.

Cerró la puerta y volví a sentarme en las escaleras a esperarla. Había conseguido hablar con ella, pero no tenía ni idea de como explicarle que había escuchado su conversación…

Mientras buscaba la formula perfecta para sacar el tema Cris apareció. Se había maquillado un poco para intentar que la tristeza desapareciera de su cara.

Sin decir nada me levanté y nos dirigimos a mi coche en silencio. Una vez dentro de este el silenció continuo. No pregunte donde le apetecía cenar simplemente la llevé a mi casa.

Cuando se dio cuenta que estaba aparcando cerca de mi portal preguntó:
Cris: ¿vamos a tu casa? –extrañada.
Yo: no te he pedido una cita, te he dicho que teníamos que hablar y mi casa es el mejor lugar.

Para mi sorpresa no rechisto, simplemente se bajo del coche y volvió el silencio entre nosotros.

Entramos en casa y se dirigió al sofá, pude observar como intentaba no mirar absolutamente nada más que el suelo de mi casa, intentando así que los recuerdos de lo vivido no aparecieran.

Yo seguí sus pasos y me senté a su lado en el sofá, la miré y ella agacho la mirada. Entre los dos había una tensión que hasta el momento nunca había existido.

Yo: bueno… -intentando romper el hielo - te preguntaras que quiero hablar contigo ¿no?

Cris: si… -parecía nerviosa.

Yo: hoy te he visto con Miguel entrando en tu casa…

Cris: ya te he dicho que Miguel y yo no tenemos nada –un poco enfadada.

Yo: no me refería a eso –trago saliva – te he visto y te he escuchado –en ese momento se paralizó.

Cris: ¿Qué has escuchado? –sus ojos reflejaban el miedo.

Yo: todo… - miro al techo buscando ayuda para hablar, pero solo dijo una frase.

Cris: no te preocupes… -la miré extrañado.

Yo: ¿Cómo?

Cris: que no te preocupes… que estoy bien – aguantando las ganas de llorar.

Yo: ¿como pretendes que no me preocupe Cris? –alzando la voz.

Cris: hasta donde yo creo entender me dejaste porque no querías acompañarme en este viaje… me dejaste porque pensabas que algo iba a salir mal y no querías volver a sufrir… y yo te entendí… lo que no entendí fue que tenias razón, que nunca tuve que empezar el maldito tratamiento porque ahora las cosas están mal… porque algo ha salido mal –poco a poco cayeron las primeras lagrimas por parte de ambos  - pero no quiero que te preocupes por mi, quiero que sigas firme en tu decisión de no estar a mi lado, quiero que olvides lo que has escuchado y quiero que hagas como si nada… no quiero que estés a mi lado porque vuelvo ha estar enferma, no quiero que me quieras por pena –la interrumpí.

Yo: no puedes pedirme eso – acaricie su cara para secarle las lagrimas – no puedes pedirme que me haga a un lado cuando lo único que realmente me importa esta en peligro.

Cris: Dani –cogió mis manos y las aparto de mi cara – escúchame – me miro fijamente – me dejaste por eso para no sufrir –volví a interrumpirla.

Yo: todos nos equivocamos Cris…

Cris: lo sé – volvió a mirarme fijamente – pero esta vez tú no te equivocaste, hiciste lo correcto…

Yo: cállate ya – volví alzarle la voz y esta vez fui yo el que la miro fijamente – lo único correcto en mi vida eres tú… lo correcto es estar con quien quieres y yo te quiero…

Cris: pues tienes que dejar de hacerlo…

Yo: ¿Cómo? ¿Cómo te olvido?

Cris: odiándome… cada vez que pienses en mi recuerda el daño que te he hecho… recuerda cuando me fui, recuerda a Carlos, recuerda a Raúl… recuerda porque no estamos juntos ahora mismo… recuerda la locura que acabo de cometer por culpa de la cual vuelvo a estar enferma… y poco a poco vas a conseguir odiarme.

Yo: se te olvida que aparte de hacerme daño has llenado mi vida de sueños cumplidos –las lágrimas me impidieron seguir hablando.

Cris: haz lo mismo que hiciste cuando me fui a Australia – seguía insistiendo en la idea de olvidarla.

Yo: no vas a cambiar de opinión ¿verdad? –Negó con la cabeza – pues espero que entiendas que yo tampoco pienso hacerlo…

miércoles, 23 de mayo de 2012

capítulo 119: alguien más




Tras nuestra discusión no volvimos hablar, hicimos el programa con aparente normalidad y al terminar cada uno se fue por su lado.

Estaba en la puerta de los estudios hablando con Juanger cuando vi llegar el coche de Miguel. Al verle mi cara cambio por completo.
Juanger: ¿Qué te pasa? –preocupado.
Yo: nada –intentando disimular.

A los pocos segundos apareció Cris. Nada mas pasar por mi lado un impulso me llevó a cogerla del brazo.
Cris: ¿Qué haces? –observando mi mano en su hombro extrañada.
Yo: ¿Qué hace aquí Miguel? –apartándose de mi.
Cris: ya te dije que eso no tiene que importarte –volví a cogerla del brazo.
Yo: no debería pero me importa – acercándome más a ella – ¿acaso a ti no te importaría que al día de dejarme me viniera a recoger otra a la puerta?
Cris: no tienes ni idea porque esta aquí –volviendo a soltarse.
Yo: ¿Por qué no me lo explicas?
Cris: -parecía que se estaba dando por vencida – no tengo coche.
Yo: ¿Cómo?
Cris: eso que no he venido en coche y alguien tiene que llevarme al hospital ¿no crees?
Yo: ¿y tiene que ser Miguel?
Cris: mira déjalo – siguió caminando dejándome con la palabra en boca peor fui tras ella.
Yo: espera –cogiéndola de nuevo.
Cris: Dani no –soltándose esta vez más bruscamente – ya te he dicho porque ha venido, ahora llego tarde…

Esta vez deje que se marchara, estaba fuera de si otra vez. Otra vez como solo ella podía ponerme… loco, enfermo de pensar por un momento que otro la pudiera acariciar.

Me extrañaba que Cris no hubiera venido en su coche y aunque estaba realmente celoso eso no era lo que mas me preocupaba.

Me preocupaba la conversación que había escuchado esa mañana, me preocupaba que las cosas estuvieran yendo mal. En parte me odiaba por haberla dejado, porque ahora daría mi vida por estar acompañándola al hospital y saber que pasa.

Las ganas de saber que pasa me llevaron a ir a casa de sus padres a esperarla.

La esperé en las escaleras y la vi llegar con Miguel. Me escondí para escuchar su conversación.
Miguel: deja de llorar – vi como la abrazaba.
Cris: no puedo –apartándose de él – Dani tenía razón…
Miguel: no esta todo perdido Cris… - un nudo empezaba a formarse en mi garganta temiendo el motivo de esa conversación.
Cris: si lo esta –no paraba de llorar – me equivoqué al pensar que unas putas pastillas por arte de magia iban a provocar el milagro… me equivoqué al empeñarme en recordar todo… y ahora la historia va a volver a repetirse…
Miguel: ¿se lo vas a contar a Dani? –vi como se secaba las lagrimas y negaba con la cabeza.
Cris: no… si hay algo bueno en todo esto es que Dani no tiene que porque enterarse –escuchaba atento como hablaba de mi – ya le he hecho mucho daño Miguel y no es justo que le haga pasar otra vez por lo mismo

moría de ganas de salir de mi escondite y pedirles explicaciones, pedirles que hablaran claro porque aunque podía imaginarme de que hablaban no terminaban de confírmalo.

Miguel pero Cris… tú necesitas a alguien a tu lado, que te apoye con esto…
Cris: no Miguel… yo sola me he metido en esto y voy a salir sola…
Miguel:  Dani te quiere… y merece saber que tienes un nuevo tumor – esa palabra retumbo en mi cabeza “tumor” nada mas escucharla empecé a llorar sin control.
Cris: tienes razón Dani me quiere y no merece seguir sufriendo. Merece algo más, alguien más, alguien que este a su lado todos los días de su vida… porque yo dudo que esta vez vaya a ganar la batalla.

Cris y Miguel se fundieron en un abrazo mientras yo lloraba desconsoladamente en un rincón.

Desconocía más información, no sabía que clase de tumor  era o donde había aparecido esta vez, pero era inevitable que esa palabra y todas las que Cris había soltado por la boca me hicieran pensar lo peor.

¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? ¿Verla todos los días y hacer ver que no sabía lo que le estaba pensando? ¿Tenía que respetar su decisión de no contármelo?

O todo lo contrario, debía subir a su casa, abrazarla y hacerla entender que nunca por más tiempo que pase, nunca nadie ocupará su lugar.

lunes, 21 de mayo de 2012

capítulo 118: para siempre




Cerré la puerta y esas lágrimas que habían salido a medias inundaron mis ojos ya sin ningún temor. Me dirigí a la ventana y vi como Cris cruzaba la calle en busca de su coche. Llevaba unas enormes gafas de sol que me impedían adivinar si ella también estaba llorando.

Observé como ponía las maletas en el coche y acto seguido miraba por última vez la que había sido su casa. Al ver como alzaba la mirada me escondí entre las cortinas para que no me viera.

Unos segundos después volví asomarme pero Cris ya estaba dentro del coche, arrancó y pude ver como poco a poco desaparecía de mi vida.

Suspiré, me sequé las lágrimas y traté de convencerme que era lo mejor. Me dirigí a mi habitación para cambiarme de ropa y dejarme dormir hasta el día siguiente.

Nada más entrar vi encima de la cama la foto de la iglesia que le había dado, su anillo de compromiso y una pequeña nota al lado.
“fue bonito pensar una vez más que esto sería para siempre, lastima que se nos olvidará que el PARA SIEMPRE entre nosotros no existe”

Arrugué la nota nada más leerla por la rabia, pero sabía que tenía razón. Entre Cris y yo el para siempre no existe y quizás iba siendo hora de aceptarlo. Pero antes debería devolverle algo que le pertenecía y se había quedado en mi casa.

Decidí dormir en el sofá, la cama aunque suene cursi olía demasiado a ella, a su recuerdo y era imposible dormir en ella. Antes de dormir saqué las sabanas y las puse a lavar, pensando que a si su perfume se perdería.

Al día siguiente nada más llegar a los estudios fui al camerino de Cris pero no estaba, antes que pudiera salir escuché su voz hablando por teléfono.

Cris: no lo entiendo… me prometiste que todo iba a salir bien Juan –al escuchar que hablaba con el medico puse todavía más atención –no me pidas que no me preocupe… ¿mas exámenes?.... no, nada pero empiezo estar cansada de ir todos los días a la consulta, todos los días exámenes y ver tu cara de preocupación y que no me digas que esta pasando…. De acuerdo, esta tarde te veo…. Espero que tengas razón… -en ese momento abrió la puerta del camerino y me encontró dentro de él – te dejo que tengo visita… -colgó el teléfono y me miro interrogante.
Yo: ¿ya empiezan los problemas? –esa conversación me había dejado preocupado.
Cris: - a la defensiva – perdiste el derecho a preguntarme esas cosas justo ayer -agaché la mirada y me dispuse a salir de su camerino pero me detuvo - ¿Qué hacías en mi camerino?
Yo: habías olvidado algo – saqué una cajita de mi bolsillo se la tiré y ella la cogió al aire – creo que no te dejaste nada más.

Antes que abriera la caja salí de su camerino. En esa caja había colocado MI anillo de compromiso junto con la siguiente nota:
“tenias razón se nos olvidó que nada es para siempre”

Soy consciente que esa nota y devolverle mi anillo de compromiso había sido cruel, pero previamente ella había echo lo mismo.

No pude ver su reacción pero supongo que terminaría haciendo con la nota lo mismo que hice yo romperla en mil pedazos y el anillo quizás lo tirara o quizás haría como yo que lo dejé escondido en un cajón, como un recuerdo que todavía no era capaz de ver sin que me doliera.

Acto seguido, después de escuchar a Cris hablar con Juan fui a ver a Anna.
Yo: Anna –entrando a su camerino.
Anna: mucho tardabas en venir tú –me dio un abrazo - ¿Cómo estas?
Yo: mejor que las otras veces –me miró extrañada – esta vez ha sido mi decisión a si que por lo menos digamos que lo entiendo.
Anna: -mirándome comprensiva - ¿Qué has venido a preguntarme?
Yo: ¿lo sabes todo? –antes de mi pregunta tenía que saber si ella también sabía lo del tratamiento de Cris.
Anna: ¿a que te refieres? –extrañada.
Yo: -pensé unos segundos averiguar si lo sabía - ¿sabes porque he dejado a Cris?
Anna: no Cris únicamente me contó que tenias tus motivos – entendí que no sabía nada, le di un beso en la frente y salí de su camerino dejándola con la palabra en la boca – pero…

Pensaba que Anna era la única persona que podría explicarme como estaba Cris sin que ella se enterara de nada, pero por lo visto ni siquiera a ella se lo había explicado.

En ese momento entendí que mi única opción era Miguel… después de nuestro último encuentro en el hospital dudaba que quisiera hablar conmigo pero aun así lo intenté.
“necesito hablar contigo”

Como era de esperar no me contestó al whatshap. Lo que no esperaba era que Cris me contestara por Miguel.
“creo haberte dicho que no te preocuparas por mi ;)”

Releí el mensaje unas 15 veces, por la carita del final sabía que lo decía con chulería y el pensar que Miguel le hubiera explicado mi what hizo que me pusiera todavía más celoso.
“no sabía que tu relación con Miguel era tan íntima como para que tuvieras su móvil”

Al instante me contestó.
“el derecho de saber mis relaciones intimas o no también lo perdiste”

Quería seguir picándome y no iba a permitir que ganara aunque sabía que la conversación acabaría haciéndonos daño.
“te recuerdo que perdí ese derecho porque quise”
“lo perdiste por cobarde ;)”

La conversación cada vez estaba más caliente:
“cobarde? Cierto, en ese sentido tuve la mejor maestra, pero bueno siempre puedo irme a Australia y volver al mes para pedirte perdón ;)”

Nada más enviar el mensaje supe que quizás había sido demasiado duro por eso su contestación fue tan tajante.
“yo me fui y dejé de dar por culo… ojalá eso también lo aprendieras ;)”
El inició de la reunión interrumpió nuestra discusión.

viernes, 18 de mayo de 2012

capítulo 117: lo que más




Observé como se iba sin decirme nada. Me quedé en el coche unos minutos, tratando de conseguir las fuerzas necesarias para bajar de este y volver a empezar una vez más sin ella. Lloré hasta quedarme sin lágrimas, me odie por ser un cobarde y la odie por ser tan cabezona.

Al final baje del coche y con paso firme me de dirigí a los estudios. Por los pasillos todos me observaban, me saludaban con una sonrisa y al ver mi cara su sonrisa desaparecía. No tenían que ser muy listos para saber que algo pasaba, y no precisamente bueno.

Llegué a plató inconscientemente mi mirada la buscó pero no la encontró. Pensé que estaría en su camerino haciendo exactamente lo mismo que yo acaba de hacer en mi coche… estaría buscando fuerzas.

Justo cuando iba a empezar la reunión apareció de la mano de Anna con los ojos vidriosos. Cris ni siquiera me miro, pero Anna me dedico una leve sonrisa dándome a entender que no me preocupara, que estaba todo lo bien que podía estar después que la dejara.

Pasó el tiempo y empezó el programa. Intenté que no se notara demasiado que estaba mal y creo que lo conseguí hasta que llegó su turno.

Nada más verla aparecer con su sonrisa forzada, su baile desganado y su caminar apagado no puede evitar sentirme culpable. Sentir que quizás me había equivocado, en ese momento me dieron ganas de levantarme y correr a abrazarla pero me contuve.

Ya no estábamos juntos y después de nuestra conversación en el coche no podía abrazarla como si nada, digamos que había tomado uno decisión y tenia que ser consecuente con ella.

Después del programa me fui a mi casa y me la encontré haciendo las maletas. Ella no me había escuchado así que cuando me vio asomando la cabeza por la habitación se asusto.
Cris: pensaba que irías a tomar algo –sin mirarme, concentrada en hacer sus maletas.
Yo: no me apetecía –no podía apartar la vista de las maletas – no sabía que vendrías a buscar tus cosas tan rápido.
Cris: cuanto antes mejor ¿no? Tranquilo no voy a tardar mucho.
Yo: tomate el tiempo que necesites –agaché la mirada y desaparecí de la habitación.

Mientras terminaba de recoger sus cosas, cogí una cerveza de la nevera y me senté en el sofá haciendo ver que miraba la tele.

Pero mis oídos solo escuchaban el ruido de los cajones, sus tacones yendo de un sitio a otra recogiendo sus cosas. Eliminando cualquier rastro del tiempo que paso en esa casa.

Mi cuerpo temblaba mientras la imaginaba, mis ojos poco a poco se llenaban de lagrimas y yo suspiraba intentando que esas lagrimas no cayeran. Por lo menos no hasta que Cris se fuera.

Media hora después apareció por el pasillo, con un par de maletas en la mano. Es increíble como todo lo vivido puede caber en dos maletas de mierda.

Cris paso por el salón sin detenerse, parecía que no iba a despedirse. En parte lo entendía pero mi cuerpo me pedía una última conversación.

Así que antes de que abriera la puerta me levanté y me quede justo detrás suyo.
Yo: ¿ya te vas? –sé que no es muy original pero no se me ocurrió nada mejor que decir.
Cris: -dándose la vuelta para mirarme –si.
Yo: ¿y no piensas despedirte? –mirándola fijamente.
Cris: no lo hagas más difícil… por favor –cogió de nuevo las maletas – creo que no me dijo nada pero si encuentras algo mio… ya me lo llevaras al programa – seguía sin mirarme.
Yo: claro –no podía dejar de observarla y sin querer se me volvieron a escapar esas palabras que ya no servían de nada –lo siento.
Cris: -por primera vez me miro – yo también lo siento.
Yo: nunca olvides que eres lo que más he querido en la vida.

Abrió la puerta y justo antes que marchará un impulso me llevó a abrazarla. La estreché fuertemente contra mis brazos, los dos nos echamos a llorar como críos.

Éramos dos personas que se querían, quizás demasiado. Que estaban terminando su historia por miedo, que no sabían que harían a partir de ahora, que estaban a punto de perderse…

Tras unos segundos ella se apartó, nos miramos con los ojos vidriosos todavía por las lagrimas que acabábamos de soltar y al final ambos nos decimos una sonrisa.

Una sonrisa que decía te quiero, siempre te querré pero ahora no puedo, tengo miedo.

Y se fue, nos fuimos y nos perdimos...

miércoles, 16 de mayo de 2012

capítulo 116: no acompañarte





Tras mi primer golpe Miguel cayó al suelo. Mi rabia era tal que estaba a punto de volver a pegarle cuando alguien me cogió por la espalda.

Cris: para por favor –su voz esa que tantas me había tranquilizado ahora solo hacía que aumentar mi rabia. Me deshice de ella a mala manera y volvía a encararme con Miguel que permanecía en suelo.
Yo: no me digas que ya no puedes levantarte –en tono vacilón.
Miguel: ¿estas loco? –poniéndose de pie mientras se sobaba la cara adolorida por el golpe.
Yo: veo que de pie si sabes ponerte –me miro enfurecido y se acercó a mi para devolverme el golpe, pero Cris otra vez se puso en medio.
Cris: para –esta vez sujetaba a Miguel.
Yo: quítate del medio Miguel y yo tenemos que solucionar las cosas.
Cris: aquí con la única que tienes que solucionar algo es conmigo – buscaba mi mirada – Miguel no me puso una pistola en la cabeza para  someterme al tratamiento – por primera vez la miré – deja de montar el espectáculo y vámonos –suplicándome.
Miguel: no te vas a ir con él –sujetando a Cris por el brazo -¿no ves que esta fuera de si? –quise hablar pero Cris me interrumpió.
Cris: esta fuera de si pero es Dani –me miró dulcemente – y Dani nunca me haría daño.

Por un momento la rabia desapareció y respondí a sus palabras con una leve sonrisa. Me dirigí a la salida del hospital y ella me seguía a pocos metros de distancia. Hasta que llegamos al coche no cruzamos palabra.

Cris: ¿ya estas más tranquilo? – estábamos dentro del coche pero no habíamos arrancado todavía. Antes teníamos que hablar.
Yo: ¿tranquilo? ¿Cómo quieres que este tranquilo? –me acarició el pelo intentando que me calmara – es que sigo sin entender que coño se te paso por la cabeza para hacer semejante locura. ¿No te das cuenta que no tienes una sola garantía que lo que estás haciendo sirva para algo? –Cris dejo de acariciarme y agachó la mirada.
Cris: ¿ves? Por eso no te lo quería contar. Porque sabía que ibas a ponerte así. Sabía que únicamente ibas a pensar en lo malo e ibas a olvidar por completo que esta es la única forma que tengo para recordar –chillando.
Yo: ah –abriendo las manos –perdona por ser el único que pone un poco de cordura a todo esto. Perdona por no aplaudirte después de todo lo que me has contado.
Cris: no te estoy pidiendo que me aplaudas –me miró fijamente – simplemente te pido que te calles, que te guardes tu opinión y me apoyes en esto.
Yo: -negué con la cabeza –no puedes pedirme eso.
Cris: ¿Por qué?
Yo: no puedes pedirme que me quede de brazos cruzados mientras veo que sigues siendo una puta cobaya. Joder Cris… ¿crees que si el maldito tratamiento fuera tan bueno Juan no lo estaría probando con su mujer? –agachó la mirada.
Cris: ¿entonces no vas apoyarme? –me miró fijamente de nuevo, sus enormes ojos me miraron suplicantes, impacientes.
Yo: deja el tratamiento y prometo apoyarte en todo –agacho la mirada.
Cris: no pienso dejar el tratamiento, gracias a él ahora mismo recuerdo los últimos días antes de mi accidente. Y cada día al despertar los recuerdos aumentan…
Yo: ¿entonces que hacemos?  Porque yo no puedo quedarme a tu lado, ver que recuerdas y que de aquí un mes, quizá dos, descubramos que ese tratamiento vuelve a ponerte en peligro…
Cris: ¿y si por una vez las cosas nos salen bien? ¿Si recupero mi vida y no pasa nada?
Yo: las cosas ya estaban a punto de salirnos bien Cris. Aunque no recordaras nada estábamos mejor que nunca, pero parece que lo único que te importa es recordar y te has olvidado de vivir.

El silencio se creo en nosotros. Los dos nos quedamos callados dentro de ese coche pensando en todo lo que acababa de ocurrir mientras nos mirábamos de reojo.

Unos minutos más tarde, después de mil suspiros por ambas partes. Cris me miró tenía esa mirada. Esa que siempre ponía cuando estaba a punto de volver a huir, pero esta vez yo me adelante.
Yo: no me digas nada y vete.
Cris: ¿Cómo?
Yo: es lo que ibas a decirme ¿no? –agachó la mirada.
Cris: no, yo prometí no volver a huir
Yo: tienes razón –cogí aire y dije lo que estaba pensando desde que entramos al coche - creo que por primera vez el que se va soy yo.

Arranqué el coche y puse dirección a los estudios, ya que, teníamos que hacer un programa.

Durante todo el trayecto permanecimos en silencio otra vez. Ambos teníamos los ojos llorosos, éramos conscientes que al llegar a los estudios y bajarnos del coche iba a volver la soledad.

Y esta vez no era ella la que salía corriendo, esta vez era yo el que no podía. No era capaz de seguir a su lado como si nada, no podía apoyar lo que consideraba una locura y estaba seguro que iba a terminar saliendo mal.

Aunque en el fondo deseaba equivocarme, deseaba que todo saliera bien aunque no estuviera a su lado. Porque aunque no estuviéramos juntos si le pasaba algo volvería a sufrir como nunca.

Antes de bajarse del coche nos miramos por última vez. A ella se le caían las lágrimas y estaba a punto de decirme algo pero el dolor la detuvo. Agachó la mirada abrió la puerta del coche, bajo de este y justo cuando iba a cerrar la puerta tomé la palabra.

Yo: espero equivocarme y  que ese tratamiento funcione – se mordió el labio intentando no llorar más  y volví a tomar la palabra – siento no acompañarte en este viaje.

lunes, 14 de mayo de 2012

capítulo 115: ¿a que precio?


Me quede blanco al conocer nuestro destino.

Yo: ¿al hospital? –pensando que quizás había escuchado mal.
Cris: si –mirándome fijamente –ahí te contaran mejor  lo ocurrido.

No hice más preguntas y me dirigí al hospital donde tantas noches pase a su lado. Nada más entrar por la puerta me invadieron los recuerdos. Me vi a mi mismo llegando ese día al hospital histérico por saber que le había pasado a Cris. Me vi desolado esperando que Cris despertará. Me vi incrédulo al saber que Cris no me recordaba…

En 5 minutos reviví todo lo que pase en ese hospital. Todo lo que sufrí. Estaba a punto de caerme una lágrima cuando la miré, la vi a mi lado después de todo. Y la tristeza, la rabia desapareció porque ella había salido de ese hospital hace mucho tiempo.

No sabía donde nos dirigíamos, yo me limitaba a seguir a Cris por los pasillos. Ella si sabía cual era nuestro destino.

Por esos caminos nos rencontramos con Miguel. Al vernos se acercó a nosotros. A mi me dio un abrazo y para mi sorpresa Cris también lo abrazo.

Miguel: cuanto tiempo –me miraba solo a mí -¿vas a ver al doctor Padilla? –ahora miraba a Cris y yo seguía sin entender nada.
Cris: si – su afirmación fue acompañada de una sonrisa.
Miguel: cuando salgas nos tomamos un café como siempre ¿no?
Cris: claro –volviendo a sonreír, mientras yo contemplaba la situación más confundido todavía. ¿un café como siempre? ¿Doctor Padilla?

Miguel se fue y Cris y yo nos sentamos en la sala de espera. Intenté no decir nada pero los celos hablaron por mí.
Yo: ¿un café como siempre?
Cris: si –agachando la mirada - ¿estas celoso?
Yo: ¿tengo que estarlo? –negó y justo antes que pudiera contestarle llamaron a Cris por megafonía.
Cris: vamos –nos levantamos y entramos en la consulta.

Nada más entrar nos encontramos con el doctor Padilla. Estaba sentado en su despacho y al vernos dedicó una amplia sonrisa a Cris.
Padilla: veo que hoy has venido acompañada –dándome la mano.
Cris: si –sonriendo –Dani este es el doctor Padilla.
Padilla: llámame Juan –volvió a sentarse y nosotros ocupamos las sillas que estaban delante de la mesa – te he atendido lo más rápido que he podido, pero hoy no tenias visita ¿verdad?  ¿Ha ocurrido algo con el tratamiento? –parecía realmente preocupado, mientras yo a cada palabra entendía todavía menos toda aquella situación ¿tratamiento?
Cris: no –intentando tranquilizar a Juan –hemos venido para que le expliques a Dani que estamos haciendo –Juan me miro dulcemente.
Juan: por fin has decidido contárselo a alguien ¿no? –sonaba satisfecho.
Yo: creo que su decisión ha sido en parte obligada –por primera vez desde que entramos a la consulta hable.
Juan: bueno sea como sea lo importante es que ahora no solo la ayudaremos nosotros –me sonrió y empezó a explicarme la situación –verás el tratamiento experimental que esta siguiendo Cris… -Cris lo interrumpió.

Cris: espera, creo que primero tengo que explicarle como llegué a esta consulta –se dedicaron una mirada cómplice y Cris empezó a contarme – cuando llevaba un par de semana en Australia me encontré a Miguel por la calle. Como era de esperar yo no lo reconocí pero él se acercó a mi y me explico que había sido mi enfermo durante todo el tiempo que estuve ingresada –ahora entendía las confianzas de hacia tan solo unos minutos – esa misma tarde fuimos a un bar y estuvo explicándome todo lo que paso en ese hospital. Parecía un rencuentro de dos amigos hasta que Miguel me hizo la siguiente pregunta: ¿quieres recordarlo todo? Casi sin pensarlo le dije que recordar todos y cada uno de los momentos que había vivido contigo, con mis padres, con personas que aparecieron en mi vida y desaparecieron pero que seguramente fueron importantes en mi vida… recordar todo eso era quizás lo que mas deseaba en el mundo –la escuchaba paciente – fue entonces cuando Miguel me contó quien era Juan –señalo al doctor – y me explico el trabajo que estaba haciendo. Y al ver que quizás podía recordarlo todo decidí volver.
Juan: hace un par de años mi mujer perdió la memoria, exactamente igual que Cris –parecía que se había puesto triste – desde el primer día me encerré en mi laboratorio para conseguir dar con alguna solución. Ahora después de dos años creo que la he encontrado – me sonrió dulcemente –es un tratamiento experimental que todavía no ha sido aprobado… -esas palabra “experimental” hacia que todo aquello no me sonara bien – el problema es que al ser experimental no sabemos al 100% si funciona o si tiene algún efecto secundario.

Yo: ¿me estas diciendo que Cris ahora mismo es como tu cobaya? –tenia la esperanza de estar equivocándome.
Juan: no, no es eso –respiré aliviado.
Yo: entonces ya has probado en tratamiento con otras personas con éxito ¿no?
Juan: No –la preocupación se reflejó en mi cara y Cris tomo la palabra.
Cris: soy la primera en probarla pero estoy recordando Dani –me miraba ilusionada, quitándole hierro al asunto – tú mismo lo comprobaste ayer –me acarició el pelo dulcemente – ya casi recuerdo toda nuestra historia - yo seguía a la mía.
Yo: muy bien Cris –sonaba irónico –ahora recuerdas más cosas, casi todo, ¿pero a que precio? No tienes ni puta idea de como puede reaccionar tu cuerpo a la locura que estas haciendo… ¿en que consiste el tratamiento?
Juan: son unas pastillas que debe tomar diariamente, luego una vez a la semana viene y me cuenta sus recuerdos y le hago unos análisis para comprobar que todo esta bien. Así que no te preocupes que todo está saliendo bien –aunque lo intentaba había algo en su mirada que no me convencí. Todo no podía ser color de rosa…una duda empezó a recorrerme por la cabeza.

Yo: ¿y tu mujer?
Juan: ¿mi mujer que?
Yo: ¿Cómo lleva ella el tratamiento? –quería corroborar una cosa.
Juan: ella todavía no lo ha empezado –la rabia se apodero de mi y empecé a chillar a Juan.
Yo: y si el tratamiento es tan perfecto porque no lo prueba tu mujer ¿eh? ¿Porque coño me niegas que ahora mismo Cris es tu puta cobaya? Y tú –mirando a Cris - ¿Cómo entregas tu vida a alguien sin ni siquiera consultarme? ¿y si te pasa algo? Joder Cris –salí de la consulta sin dejar que ninguno de los dos me contestara y fui directo a buscar a Miguel. En el fondo pensaba que él era el culpable de toda aquella locura, el que había metido a Cris en esa mierda.

Cris: Dani espera –cogiéndome por la espalda.
Yo: déjame –empujándola bruscamente.
Cris: ¿Dónde vas? –poniéndose delante de mi e impidiéndome el paso.
Yo: a buscar al que te ha metido en toda esta mierda.

Quizás por el espectáculo que estábamos dando Cris y yo en medio del pasillo, Miguel apareció asomando la cabeza por una habitación. Al verle fui directamente hacia él.
Yo: ¿Cómo coño convences a Cris de semejante locura? –sin dejarle hablar la rabia se apodero de mi y le solté un puñetazo.

domingo, 13 de mayo de 2012

capítulo 114: atardeceres




Cris se quedo embobada mirando la foto. Mientras la observaba pude ver como se le caían las lagrimas.

Cris: es perfecta –sonrió y me beso suavemente -¿Dónde esta? ¿Cómo la has encontrado?
Yo: había oído hablar de ella, pero no recordaba donde estaba. Así que lo miré por internet e imprimí la foto… Esta en un pueblo muy pequeñito a las afueras Palencia llamado Antigüedad de Cerrato – mientras le contaba donde estaba la ermita, Cris no apartaba la vista de la fotografía – es un lugar sencillo, como tú acabas de describirlo.
Cris: ¿Cuándo vamos a verla? –en sus ojos se refleja la ilusión de un niña pequeña.
Yo: este fin de semana –me miro extraña.
Cris: este finde vamos a casa tus padres ¿recuerdas?
Yo: claro que lo recuerdo –la abracé – pero está bastante cerca de León. Nos dará tiempo a todo.

Permanecimos el resto de la tarde en ese lugar. Ella estaba apoyada en mi pecho mientras yo la abrazaba por la espalda. Sin decir nada, no era necesario, ella estaba mi lado y sobraba todo lo demás.

Vimos el atardecer y fue entonces cuando a Cris se le escapo algo que me descolo por completo.
Cris: aunque siempre preferiré como se ven los amaneceres desde aquí, tengo que reconocer que los atardeceres tienen su encanto.
Yo: -la aparte de mí y la miré descolocado -¿los amaneceres?
Cris: -note como se ponía nerviosa –si.
Yo: ¿des de cuando recuerdas los amaneceres a mi lado? –vi como agachaba la mirada intentando disimular.
Cris: yo no te he dicho que los recordara.
Yo: no –poniéndome nervioso –se te ha escapado. ¿Des de cuando? ¿Por qué no me lo has dicho? – empezaba a perder los nervios y Cris seguía agachando la mirada sin saber que contestarme - ¿no piensas contestarme? – se hizo el silencio entre nosotros, mientras esperaba que ella tomara la palabra - ¿Qué coño me estas ocultando ahora Cris? –la rabia aumentaba y ella seguía callada -¿Qué pasa que recuerdas las cosas y ya no me lo cuentas o como va eso? – por fin hablo.
Cris: si te lo contará no lo entenderías.
Yo: ya estamos –me levanté del banco aún más cabreado - ¿Por qué siempre decides por mí  lo que entiendo y lo que no entiendo? –Cris se levantó e intento calmarme.
Cris: no es eso –me miro fijamente –simplemente que todavía no es el momento para contártelo.
Yo: ah, que no es el momento –me aparte de ella – pues nada, cuando la señorita decida cuando es el momento ya me llamará –fui dirección a mi coche y la dejé en el banco mientras ella me llamaba para que me detuviera.

Subí a mi coche y arranqué sin pararme a pensar mi destino. Solo quería huir, conducir hasta perder la noción de donde estaba. Solo quería que pasara el tiempo, desconectar, olvidar nuestra ultima conversación. Dejar de pensar que coño me estaría ocultando esta vez…

Conduje y conduje hasta que me dolieron los pies. Solo entonces decidí parar en un área de servicio y mirar mi móvil. Como era de esperar tenía más de 30 llamadas perdidas, todas de Cris. A parte de las 
llamadas tenía un par de whatshap también de ella…

“acabo de llegar a cas y no estas… ¿vas a venir?”
“joder Dani ¿ahora quien huye?”
“voy a estar en casa de Anna supongo que si no has venido es porque no quieres verme”

Después de leer la conversación y ver que Cris no iba a estar en casa decidí volver. Cuando llegué ella no estaba pero me había dejado una nota en el salón.

“me duele que te hayas ido así dejándome sola, pero en parte lo entiendo… ojalá pudieras entender que no te estoy ocultando nada, o quizás si, pero lo hago para no hacerte daño… sé que no entiendes muchas cosas pero si todavía te apetece saberlas, te espero mañana. Pasa a recogerme a las 9 a casa de Anna…”

Dude unos instantes sobre si acudiría a buscarla pero  las 8 de la mañana ya estaba en la ducha. Mi corazón tenía una cita y aunque mi cabeza no estuviera muy de acuerdo mi corazón ya se había levantado para verla.

A las 9 estaba en el portal de Anna. No le había dicho a Cris si iba a ir pero nada más llegar le mande un whatshap.
“baja”

A los 5 minutos estaba subiéndose al coche, llevaba unas gafas de sol par intentar disimular que no había dormido en toda la noche.
Yo: y bien –esperando una explicación.
Cris: vamos al hospital.

jueves, 10 de mayo de 2012

capítulo 113: solo necesito


Al oír que tenía previsto hacer ese día Cris se quedó paralizada.

Yo: ¿Qué pasa? –sorprendido por su reacción.
Cris: nada –agachando la mirada y subiendo al coche, yo subí tras ella. Sabía que Cris no quería hablar del tema pero antes de arrancar volví a preguntarle.
Yo: ¿Qué pasa? –sonriendo para intentar demostrarle que podía contarme lo que quisiera.
Cris: nada… pero creo que antes de mirar una iglesia tendríamos que esperar a que tus padres lo aceptarán.
Yo: mira Cris –la miré y entrelacé nuestras manos –lo acepten o no lo acepten el 2 de agosto voy a casarme contigo. Es más aunque no estuviéramos juntos por alguna razón –me miro sorprendida –el 2 de agosto iría a casarme contigo, esperando que tu hicieras lo mismo.
Cris: estas loco –soltando una leve sonrisa.
Yo: puede que este loco peor te lo digo totalmente en serio. Pase lo que pase el dos de agosto pienso estar 
esperándote.

La leve tristeza que desprendían sus ojos antes de subirse al coche desapareció al escuchar mis palabras. Ahora volvía a mirarme con esa dulzura y esa sonrisa de punta a punta.

Arranqué el coche y fui destino a nuestro descampado. Al llegar ella me miró sorprendido.
Cris: esto no parece una iglesia –incrédula -¿Qué hacemos aquí?
Yo: ven –bajamos del coche y fuimos a nuestro banco. Una vez allí retomamos la conversación – creo que he encontrado la iglesia perfecta, pero antes necesito saber una cosa…
Cris: ¿Qué? –intrigada.
Yo: quiero saber como te imaginas ese día –la rodeé con mis brazos, ella colocó su cabeza en mi pecho y empezó su relato.
Cris: pues a ver… aunque te parezca raro no deseó una boda con muchos invitados y por todo lo alto. 
Más bien quiero algo más sencillo. Me gustaría que fuera en un iglesia pequeñita, una ermita quizás, solo con las personas que realmente aportan algo en nuestras vida, con la familia y con los amigos. Algo sencillo pero a la vez único –me miró y los ojos le brillaban – quiero una boda diferente, como nuestra historia. 
Quiero casarme de blanco y estar realmente preciosa para ti. Para que nada más verme me mires así como me estas mirando ahora. Y sé que en ese momento me dará igual todo. Porque seguramente como pasa en todas las bodas algo no saldrá como lo hemos planeado. Pero solo necesito que salga una cosa bien… solo necesito entrar a la iglesia y que estés ahí esperándome. Estoy segura que ese instante va a ser el más feliz de mi vida, aunque nos casáramos en el lugar más horrible del mundo…porque mientras termine el día siendo tu mujer, todo será perfecto.

Me acerqué a ella, sequé sus lágrimas y posé un suave beso en sus labios. Sus palabras me habían emocionado. Cada vez que hablaba con esa ternura, cada vez que me hacía sentir que era lo más importante en mi vida. Sabía que era ella la elegida.
Yo: te quiero –sonrió y volvió a besarme.

Cris: ¿y tú? ¿Tú como te imaginas nuestra boda?
Yo: ¿yo? –en ese momento saqué una fotografía que había imprimido antes de salir esta mañana de casa. 
Después de desayunar estuve más de dos horas buscando iglesias por toda España. Quería que fuera una iglesia pequeña, sencilla como ella había dicho. Donde cielo y tierra se unieran y así ambos sitios fueran testigos de nuestra unión. Después de una larga búsqueda creí dar con la acertada – no sé como me la imagino pero sé que será aquí.



martes, 8 de mayo de 2012

capítulo 112: nuestro mundo



Después de esa conversación en el coche Cris y yo decidimos que el próximo fin de semana iríamos a León para contárselo todo a mis padres.

Sabía que Cris tenía repor por la mañana, así que después del programa iba a tener la tarde libre. Se me ocurrió comentarle que mañana podría ser un buen día para empezar a buscar iglesia.

Yo: cariño –abrazándola por la espalda mientras colocaba la mesa para cenar –mañana tienes la tarde libre ¿no?
Cris: si –dándose la vuelta y dándome un suave beso en los labios.
Yo: perfecto –volviendo a besarla.
Cris: ¿por? –desconcertada.
Yo: para aprovechar la tarde juntos –me sonrió y volvió a besarme. La verdad es que desde nuestra reconciliación no intercambiábamos más de dos frases sin besarnos.

Mientras nos perdíamos en nuestros besos, llegó nuestra comida.Me dirigí a la puerta, pagué al repartidor y llevé la comida a la mesa. Esa noche habíamos decidido comer pizzas.

Terminamos la noche como todas las anteriores, durmiendo desnudos en nuestra cama.  Ella se durmió antes que yo. A mi me apetecía contemplarla unos instantes. Mientras la miraba no podía dejar de pensar que su silueta desnuda en mi cama era la compañía perfecta.

Al día siguiente, como ya sabía, al despertar no estaba. Deduje que se había levantado intentando hacer el mayor ruido posible para no despertarme y lo había conseguido.

Al girarme sobre la cama, noté que me había clavado algo. Me aparte y levanté la sabana intrigado.

Al alzar la sabana me encontré un huevo kínder con una nota al lado:
“Prometo quedarme siempre a menos de un kilómetro, y que todo lo que sienta seguirá siendo tuyo. Prometo besar tus labios, mirarte a los ojos, decirte que todo es un sueño y estamos despiertos…
PD: espero que te guste el desayuno”

Sonreí como un niño pequeño. Solo dios sabe como había echado de menos sus detallitos todas las mañanas que pasé sin ella.

Decidí guardarme el huevo Kínder y llevármelo al trabajo donde la vería para comer.
Nada más llegar a los estudios pasé por su camerino con la esperanza que ella no estuviera. Abrí la puerta y por suerte no había nadie.

Cogí un papel y le dejé la siguiente nota junto al huevo kínder en el tocador.
“es mejor que los sueños, mejor que todo y a la vez mejor que nada. Es inexplicable, inimaginable y sobretodo inigualable. Es a veces dulce, a veces amargo, a veces difícil y otras veces tan fácil. Es nuestro y no olvides que pase lo que pase, aunque parezca que ya no queda nada siempre tendremos nuestro mundo.
Pd: los huevos kínder pueden comerse a cualquier hora del día y hoy prefiero que sea mi postre y compartirlo contigo”

Salí de su camerino intentando que nadie me viera. Después de leerme el guion me dirigí al comedor.
A los pocos minutos de sentarme ella apareció por la puerta. Nada más entrar busco mi mirada y me enseño el huevo Kínder acompañado de una amplia sonrisa. Poco a poco se acercó a mí y me dio un suave beso en los labios.

Al instante todos los presentes nos miraron. El viernes ni siquiera nos mirábamos y ahora 3 días después estábamos en el comedor comiéndonos a besos.

Cris y yo éramos conscientes que todo el mundo nos estaba mirando así que nos separamos y decidimos aclararlo todo.
Yo: antes que preguntéis –un poco avergonzado –si, nos hemos dado una nueva oportunidad.

Todos se rieron, la gran mayoría sabía que tras la vuelta de Cris tarde o temprano íbamos a volver juntos.
Cris: parece que no les ha sorprendido –sonriéndome.
Yo: será que están acostumbrados a nuestras idas y venidas –los dos nos reímos y ya sin la mirada atenta de nuestros compañeros volvimos a besarnos.

Al terminar de comer poco a poco todos volvieron a su rutina, pero Cris y yo todavía teníamos que comernos nuestro postre.

Cris lo sacó de su bolsillo y empezó abrirlo como una niña pequeña. Lo partimos por la mitad y cada uno se comió un trozo del huevo. Parecíamos dos niños pequeños, pero quizás su inocencia, esa mezcla de niña y mujer era lo que más me atraía de ella.

Al terminar el programa le envié un whatshap explicándole que la esperaba en el coche.
Llevaba menos de 5 minutos con ella cuando apareció, ya vestida de calle y con su estupenda sonrisa.
Yo: ¿lista para encontrar la Iglesia perfecta?

lunes, 7 de mayo de 2012

capítulo 111: volver a ganármelos


Desconozco a que hora pero al final volvimos a quedarnos dormidos. Aparentemente nos habíamos pasado el día sin hacer absolutamente nada, pero para mí todo lo que hicimos esas 24 h metidos en mi cama lo significaron todo.

Cuando desperté Cris no estaba en mi cama. En un principio me asusté pero por suerte nada más abrir los ojos, la vi aparecer por la puerta de mi habitación recién salida de la ducha.

Su cuerpo estaba cubierto únicamente por una toalla blanca, al igual que su pelo. La vi y fui corriendo abrazarla.

Yo: buenos días –dándole en leve beso en los labios.
Cris: buenos días bonito –se apartó de mis brazos, para ir a buscar algo de ropa pero la detuve.
Yo: ven aquí –volviendo abrazarla, mientras ella se reía. Sabía perfectamente que quería y a los pocos segundos la toalla había caído al suelo.

Después del mejor despertar posible, intenté echar una cabezadita pero Cris no me dejo.
Cris: bonito –moviéndome para que no me durmiera –hoy tenemos que aprovechar el día.
Yo: ¿si? –renegando.
Cris: claro –me sonrió –hoy te toca pedir mi mano a mis padres –al escuchar sus palabras me sobresalté.
Yo: ¿perdón? –sorprendido.
Cris: tendremos que decirles a mis padres que nos casamos ¿no?
Yo: claro, pero ¿ya?
Cris: cuanto antes mejor ¿no?
Yo: si –la abracé para que no pensara que me estaba arrepintiendo -¿ya has quedado con ellos?
Cris: si –acariciando mis brazos que le abrazaban –nos esperan para comer.
Yo: -mirando el reloj –pues tendré que ir tirando para la ducha –le di un beso en la mejilla y me fui al baño.

Mientras me bañaba experimenté una mezcla de sensaciones. Por una parte, estaba inmensamente feliz pensando en nuestra boda. Pero por otra, sabía que planearlo todo a la perfección iba a ser complicado.

Pero tenía ganas, muchas ganas de que todo saliera bien. Íbamos hacer las cosas sin prisa pero sin pausa y estaba claro que el primer eslabón que teníamos que superar era hablar con su familia y posteriormente con la mía.

Esta vez por extraño que parezca tenía más miedo a mi familia que a la suya. Los padres de Cris vieron claramente mi sufrimiento y desesperación el día que fui a buscar a Cris. Des de ahí no había vuelto a verlos, pero sabía que ellos me querían cerca de su hija. Sabía que nadie iba a quererla mas que yo.

A las dos estábamos en el portal de Cris. Nos abrió su madre que nada más verme se tiró a mis brazos.
Domi: menos mal que la has perdonado –me limité a sonreír mientras íbamos entrando a casa.

Nada mas llegar al salón me encontré con Paco mirando la tele. Al verme se levantó y me saludó con un efusivo abrazado.

Acto seguido nos sentamos en la mesa para empezar a comer. Su padre ya acostumbrado a estas comidas, que siempre terminaban con grandes noticias, no tardó en empezar a preguntar.
Paco: bueno –bebiendo un poco de vino -¿a que se debe esta visita? –Cris y yo sonreímos. Iba a contestar a su pregunta pero Domi se adelantó.
Domi: ¿Cómo que a que se debe? ¿no está claro? –Dando por sentado el motivo de nuestra presencia allí –vienen para que veamos que se han perdonado –dedicándonos una cálida sonrisa.
Cris: en realidad no venimos solo por eso –Domi se sorprendió, mientras a Paco se le escapaba una sonrisa triunfante.
Paco: ¿lo ves? –Mirando a Domi –será que no conozco yo a tu hija –todos nos reímos.
Yo: creo que me toca hablar a mí en esta situación –sus padres me miraron atentamente –Cris y yo vamos a casarnos.

Al escucharlo su madre se levantó y fue corriendo abrazar a Cris. Paco me miro y me sonrió ampliamente mientras me tendía la mano. Yo se la apreté y devolví su sonrisa.
Paco: solo espero que la cuides y por favor dejar de sufrir por tonterías.

Tras sus palabras Domi me abrazo y Paco fue abrazar a su hija
Domi: -llorando de alegría –no sabes lo feliz que me hace pensar que por fin vais a dar el paso. Sé que mi hija nunca podría encontrar algo mejor –volviendo abrazarme.

Después de los abrazos con sus padres, abracé a Cris por la espalda. Estaba radiante, sus padres no habían puesto ninguna pega a nuestra unión.

El resto de la comida la pasamos contadonos nuestros planes. Les contamos que teníamos decidida la fecha y que no pararíamos hasta encontrar una iglesia donde poder casarnos ese día.

Aunque les pareció una locura la idea, al final reconocieron que era algo realmente romántico y nos desearon mucha suerte.

Antes de volver a casa Cris fue a su habitación para hacer una maleta con un poco de ropa para llevarla a casa. Mientras ella estaba en la habitación su padre vino hablar conmigo.
Paco: ¿sabes si Cris ha seguido recordando? –su pregunta me sorprendió.
Yo: la verdad es que no lo se -agachó la mirada – pero no pierdas la esperanza –pasando mi brazo por sus hombros –ahora Cris ha vuelto y al estar con nosotros seguirá recordando. Estoy seguro.

En ese momento Cris volvió aparecer en el salón. Al vernos medio abrazados se sorprendió.
Cris: ¿a vosotros que os pasa? –extrañada.
Yo: nada –levantándome y dándole un pequeño beso en la frente –tu padre que se ha puesto sentimental.
Creo que mi excusa le convenció porque no siguió insistiendo. Nos despedimos de su familia y nos fuimos para casa.

Una vez en el coche Cris estaba eufórica.
Cris: toda ha ido mejor de lo esperado –agarrando mi mano, colocada en el cambio de marchas –ahora solo falta hablar con tus padres –sonriendo.
Yo: Cris… -no sabía como decirle que con mis padres las cosas no iban a ser tan fáciles.
Cris: ¿Qué? –intrigada.
Yo: es mejor que a mis padres todavía no les digamos nada.
Cris: ¿Por qué?
Yo: porqué ellos son los que han estado a mí lado todo este mes –vi como agachaba la mirada, supongo que lo había entendido.
Cris: ahora me odian ¿no?
Yo: no, no te odian –intentando animarla –pero saben el daño que me has hecho…
Cris: lo entiendo –vi como sus ojos empezaban a humedecerse, pero no dejo que le cayeran las lagrimas. Me apretó fuerte la mano y suspiro –simplemente tendré que volver a ganármelos.

domingo, 6 de mayo de 2012

capítulo 110: el destino


Cuando desperté la tenia entre mis brazos. Al verla sonreí, tenerla junto mi parecía un sueño. El mejor sueño de mi vida. La he perdido y la he encontrado tantas veces que ya ni las recuerdo. Cada vez que terminaba, ambos pensábamos que era siempre, pero nunca por más que lo intentará, nunca había sido capaz de dejar de soñarla.

Y aquí estaba ella, otra vez en mi cama. Durmiendo entre mis brazos, como si nunca hubiera dejarlo de hacerlo. Obligándome a permanecer a su lado a pesar de todo…

Y aquí estaba yo, volviendo abrazarla. Volviendo a su lado una vez, olvidando mis miedos e intentando volver a confiar en ella.

Poco a poco los rayos de sol entraron por la ventana, reflejándose en su cara. Al notarlo ella empezó a jugar con las sabanas, resistiendose abrir los ojos. Como una niña pequeña.

Yo no puede evitar soltar una carcajada al ver su cara y la abracé con fuerza. Hasta terminar dando vueltas por la cama, mientras ella renegaba.

Al final quedé encima de ella, abrió los ojos, me sonrió y como una niña pequeña giro la cara mientras cerraba los ojos para intentar seguir durmiendo.

Yo incapaz de dejarla dormir, aproveché su nueva postura para llenar su cuello de besos. Al principio ella intento resistirse haciéndose la dormida, pero inevitable al ver que yo no para comenzó a reírse.

Escuchar su risa otra vez sonando en mi cabeza era la mejor melodía de todas, esa risa que hacia que yo empezará a reír al igual que ella, sin ni siquiera saber el motivo.

Cuando paré de besarla. Me tumbé a su lado, boca abajo. No podía dejar de contemplarla. Ella permaneció estirada, boca arriba. Cuando termino de reír, giró su cabeza y me miró.

Cuando nuestras miradas se encontraron, después de aquella noche. Después de volver a sentirse, a ambos se nos humedecieron los ojos. Mientras sonreíamos.

Cris: antes me despertabas con buenos días princesa –me acerqué a ella y le acaricie la cara.
Yo: buenos días princesa –ella sonrió y nuestros labios volvieron a encontrarse.
Cris: ¿lo que me dijiste anoche iba en serio? –sabía que tarde o temprano iba a salir esa conversación, pero reconozco que pensaba que saldría un poco más tarde. No nada más despertarnos.
Yo: ¿a que te refieres? –intentando asegurarme que hablábamos de lo mismo.
Cris: a lo de retomar nuestros planes… -cogí aire, la miré y le respondí lo que realmente pensaba.
Yo: iba totalmente en serio –al escucharme ella sonrió, y empezó a besarme. Antes de que siguiera yo la detuve -  espera –apartándola de mi y colocándola como estaba antes –esta vez no me contestes con besos…
Cris: Dani –acariciándome el pelo – he cometido muchos errores. Te he hecho mucho daño y eso es una de las cosas que quizás nunca podré perdonarme. Nunca he querido hacerte daño y las veces que lo he hecho a sido inconscientemente. ¿Crees que si no quisiera pasar el resto de mi vida contigo te llenaría a besos cada vez que hablas de nuestros planes? ¿Crees que sería tan mala de dejar hacerte ilusiones si no fuera exactamente lo mismo que yo quiero? ¿Crees que desde el día que viajando en globo te pedí que nos casáramos no sueño con ese momento todas las noches? ¿Crees que en algún momento casarme contigo ha dejado de ser mi sueño? por que si lo crees estas muy equivocado. Porque tengo exactamente las mismas ganas que tu, o incluso más, de retomar todos nuestros planes.

Cuando termino de hablar, fui yo el que se abalanzó sobre ella. La llené a besos, como hace unos instantes ella había intentado hacerlo.

Volvimos a perdernos entre mis sabanas una vez más. Al terminar intenté levantarme pero ella me lo impidió.
Cris ¿Dónde vas?
Yo: habrá que aprovechar el día ¿no? –me abrazo fuertemente para que no me fuera.
Cris: hoy no, hoy no hagamos absolutamente nada más que quedarnos en cama. Dándonos mucho amor.
Yo: ¿todo el día? –sorprendido.
Cris: ¿te parece mucho? –haciéndose la enfadada.
Yo: contigo nunca es demasiado.

Una vez más terminé haciéndole caso y pasamos todo el día metidos en la cama. Simplemente salimos para comer algo y volver entre besos directamente a la cama. Durante todo el día ella fue mi único alimento.

Ya estaba oscureciendo, la poca la luz que entraba a esas horas por la ventana le hacía parecer aún más hermosa si se podía. Al verla no pude evitar imaginármela vestida de blanco, entrando a la iglesia, con su sonrisa, con su dulzura, con su sencillez. Con todas esas cosas que le hacían realmente única. Con todos esos detalles que me hacían amarla cada día más.

Cris: ¿Qué piensas? –había notado que no paraba de contemplarla.
Yo: que vas a ser la novia más bonita del mundo –abrazándola.
Cris: eres un exagerado –me aparté de ella.
Yo: ¿exagerado? ¿Crees no es verdad? –me sonrió.
Cris: ¿Cuándo quieres que nos casemos? –me quedé pensando unos minutos y entonces se me ocurrió una genial idea.
Yo: ¿Qué te parece si lo echamos a suertes? –Me miró sorprendida –espera un momento.
Me levanté de la cama, fui a mi escritorio. Cogí unos cuantos papeles, 2 bolis y 2 cajas de zapatos.
A los dos minutos ya estaba de nuevo metido en la cama.
Cris: ¿Qué es esto? –observando todo lo que había traído sin entenderlo todavía.
Yo: mira –entregándole un papel –rompe este papel en 31 pedacitos y en cada pedacito pon  todos los números empezando por el uno y terminando por el 31. Yo –cogiendo en otro papel –en este papel apuntaré todos los meses del año.

No sabía si había entendido exactamente lo que le estaba pidiendo pero empezó hacerlo con una sonrisa en la cara. Al terminar, le pedí que colocará todos los papeles en una de las dos cajas de zapatos y yo coloqué los míos en la otra.

Yo: veamos que fecha elige el destino –ella me sonrió como una niña pequeña, primero revolví los papeles donde estaban apuntados todos los días del mes –adelante, cierra los ojos y coge un papel.

Cris se tapo los ojos con una mano y con la otra cogió uno de los papeles. Estaba a punto de abrirlo cuando la detuve.

Yo: espera, ahora me toca a mí –estaba vez fue ella la que revolvió los papeles y yo cogí uno.
Cada uno tenía un papel en la mano, ella el del día y yo el del mes. Los dos estábamos realmente nerviosos por saber que nos deparaba la suerte. Ella fue la primera en abrir el papel.
Cris: 2 –sonriendo, al escuchar el día yo abrí mi papel.
Yo: Agosto.

Empecé a reírme como un loco, Cris me miraba extrañada, supongo que ella no entendía nada. Pero yo si, yo lo recordaba todo y sabía perfectamente que el 2 de Agosto del 2010 fue el primer día que la besé. Y ahora el destino había decidido que nuestra boda fuera exactamente ese mismo día.
Yo: tú no lo recuerdas, pero el 2 de Agosto del 2010 te besé por primera vez –esta vez fue ella la que se rió.

Miramos el calendario a través del móvil para ver en que día caía. Por suerte era sábado, parecía que el destino estaba completamente de nuestra parte.

Cris: ¿pero y si no encontramos Iglesia para esa fecha?
Yo: la encontraremos –acariciándola –soy capaz de buscar en más de mil iglesias si hace falta, pero el destino, la suerte, no pudo escoger mejor fecha. Así que no pienso cambiarla.

sábado, 5 de mayo de 2012

capítulo 109: perfecta sintonía.



Nada más enviar el mensaje, escuché el tono del Whashap, miré mi móvil pero el que acaba de sonar no era el mio. Eché un vistazo por casa y en el suelo, justo en el lugar donde había caído anteriormente la ropa de Cris estaba su móvil caído.

Me agaché para cogerlo, me lo puse en el bolsillo y fui a buscar las llaves de mi coche. Estaba a punto de salir de casa para ir a devolverme el móvil a Cris, cuando abrí la puerta y me la encontré a punto de picar.

Cris: -sin mirarme a la cara –me he dejado el móvil.
Yo: lo sé –buscando su mirada sin encontrársela –ahora mismo iba a ir a llevártelo.
Cris: ¿y tu fiesta? –alzó la mirada y a través de la puerta pude ver que no había nadie.
Yo: mira –le entregué su móvil –alguien acaba de enviarte algo –me miro intrigada y me sacó el móvil de las manos.

Vi como leía el mensaje y sonreía. Antes de que pudiera hablar deposite mi índice en sus labios para callarla, me acerqué a ella hasta acariciar su nariz con la mía y susurré.

Yo: solo dime que no te vas a volver a escapar.

Aparté su pelo de su rostro y deposite mis brazos en sus hombros. Entonces ella se acercó a mi como un torbellino. No me contestó con palabras, simplemente me beso.

Sus labios y los míos por fin volvieron a encontrarse. Por fin volvía a sentir sus besos, esos que llevaba un mes buscando en otros labios sin éxito. Esos que nada más rozarme hacían que perdiera la razón.

Tras el primer beso, fui el que tomo la iniciativa. La cogí en brazos y sin dejar de besarla la llevé hasta mi cama, nuestra cama. Esa que llevaba un mes llorándola y esperándola, esa que habían ocupado mil chicas mientras imaginaba que la que estaba a mi lado era ella.

Pero esta vez no eran imaginaciones, estaba vez podría gritar su nombre convencido al 100% que el cuerpo que besaba era el suyo. El mio en realidad, porque con cada beso descubría que nunca había dejado de serlo.

Recorrí su cuerpo centímetro a centímetro. Intentado que cada pedacito sintiera lo mucho que le había echado de menos…Su cuerpo, mi más absoluta locura, el único que conocía de memoria. 

No exagero cuando digo que conocía todos y cada uno de sus lunares, todos. Pero había uno que me volví especialmente loco. Era un poco más grande que los demás y estaba situado justo en el centro de su espalda.
Había besado ese mismo lunar cientos de veces y solo esperaba volver hacerlo mil veces.

Cuando terminé de besarla, volví a su rostro. Ella me detuvo, me miro fijamente. Sus ojos tenían un brillo especial, parecía que estaba llorando.

Cris: -acariciándome el pelo, mientras estaba tumbado justo encima suyo –eres lo mejor que podré tener nunca.

Después de escucharla volví a besarla, esta vez con más dulzura. Me acerqué a su oído y le susurré.
Yo: retomemos nuestros planes –me dio un pequeño golpe con la cabeza para que la mirara.
Cris: ¿Qué planes? –intrigada.
Yo: NUESTRA BODA.

No me dijo nada, simplemente me lleno de besos con tanta fuerza que acabo colocándose ella encima mio.
Recorrió mi cuerpo pedacito a pedacito, era la única que conocía todos mis puntos débiles e iba besándolos uno por uno haciéndome estremecer.

Cuando no pude aguantar más la frené. Cogí su cara y la acerqué a la mía.
Yo: deja de volverme loco.
Sonrió y por fin dejo que la hiciera completamente mía.

Esa mezcla perfecta de pasión y dulzura. Esa combinación perfecta que solo conocen nuestros cuerpos. Esa manera, esa forma de la  que solo eres capaz de entregarte  a una persona. 

Esa perfecta sintonía que solo consigues con una persona y cuando la encuentras. Sabes perfectamente, aunque a veces pierdas la esperanza, que tarde o temprano esa persona acabará llenando tus noches.