Llegué a mi casa un poco
más motivado. Esa conversación con Miguel y esa sonrisa final de Cris dirigida
hacía mi me habían alegrado el día.
Por un parte era
consciente que Cris me quería, que no dejaría de hacerlo y tarde o temprano iba
a necesitarme y yo no iba a dudar ni un solo minuto en acudir a su llamada.
Estaba preparando algo de
cenar cuando llamaron a mi puerta, me sequé las manos con un trapo de la cocina
y fui a abrir.
Al abrir la puerta, sin
decir nada Cris se tiro a mis brazos. Estaba llorando desconsoladamente, me
cogía fuertemente de la cintura escondiendo su cara para no verla llorar.
Al verla así mi mundo se
paralizo, cerré la puerta sin separarla de mí y pose mis manos en su pelo
intentando calmarla.
Yo: no llores por favor –apretándola
más fuerte contra mí – hago lo que sea pero deja de llorar.
Cris: solo abrázame.
La obedecí y sin soltarla
nos sentamos en mi sofá. Seguía entre mis brazos llorando y yo empezaba a desesperarme
al no saber calmarla.
Pasaron los minutos con
ella entre mis brazos hasta que se apartó lentamente y empezó a secarse las
lagrimas con las manos.
Cris: gracias – no pude
evitar acercarme a acariciarle la cara al escucharla.
Yo: ¿vas a contarme porque
estas así? –con la voz lo mas tierna posible.
Cris: te necesito –
volviendo a llorar – sé que vas a sufrir a mi lado pero –cogiendo mis manos –
sola no puedo, necesito que estés a mi lado, necesito que cada día que salga de
la consulta estés ahí, me sonrías y me hagas creer que todo va a salir bien…
aunque no lo creas, necesito que seas fuerte, que seas mi fortaleza. A cambio
yo te prometo que no voy a rendirme.
Al escucharla volví a
abrazarla, besé su frente tiernamente y pasados unos segundos ella volvió a
apartase.
Cris: el tumor está en la
misma zona que la otra vez, ha vuelto ha regenerarse –escuchaba atento
intentando ser fuerte como ella me había pedido – pero esta vez creen que
pueden tratarlo con quimio sin necesidad de operarme –parecía una buena noticia
pero no estaba seguro.
Yo: eso es bueno ¿no?
Cris: -sonriendo por fin
– si, de lo malo es lo mejor.
Yo: -devolviendo su
sonrisa - ¿Cuándo empiezas la quimio?
Cris: la empecé el lunes
– no puede evitar sentirme mal.
Yo: joder, Cris –ella entendió
sin que dijera nada más el motivo de mi queja.
Cris: siento no habértelo
dicho antes…
Yo: - acariciando su cara
– mas vale tarde que nunca – siendo comprensivo.
Cris: ¿alguna pregunta
más? –dulcemente.
Yo: si… ¿Qué te ha hecho
cambiar de opinión?
Cris: - agachando la
mirada - Miguel
Yo: -sonreí al saber que
había sido él - ¿y eso?
Cris: supongo que me ha
hecho darme cuenta que sin ti no puedo…
Yo: -me acerqué a ella y
bese su frente tiernamente – menos mal que te has dado cuenta –iba a bajar mis
besos hacía sus labios pero ella me detuvo poniendo sus manos en mi boca.
Cris: espera… antes
tienes que prometerme algo.
Yo: ¿Qué? –sorprendido.
Cris: promete que cuando
llegue el día vas a ser fuerte –agaché la mirada aguantando las lágrimas, no
quería tener esa conversación.
Yo: Cris… -cogiendo mi
cara obligándola a que le mirara.
Cris: necesito estar
segura de que vas a seguir adelante –no puede evitar ponerme a llorar al
encontrar su mirada.
Yo: te lo prometo – poco convencido,
pero diciendo lo que quería escuchar para terminar esa conversación – es tarde –mirando
el reloj - ¿te quedas a dormir?
Asintió y se dirigió
hacia la cama, yo permanecí unos minutos más en el salón intentando controlar
mis lagrimas y ser fuerte como ella me había pedido.
Cuando llegué a la habitación
ya estaba en la cama. Me acosté a su lado la abracé por la espalda y pose en un
tierno beso en su hombro descubierto.
En ese momento, esa noche
no pretendía nada más… había vuelto a mi lado porque me necesitaba y aunque iba
a ser duro iba a estar a su lado.
Eran las 6 de la mañana
cuando un sonido extraño me despertó. Nada más abrir los ojos mire al otro lado
de la cama y vi que Cris no estaba. Me senté en la cama y escuché ese ruido constante
con más atención, venía del lavabo.
Quise ir a ver que
ocurría pero me detuve al detectar que ese ruido no era otro que el de Cris
vomitando. Al darme cuenta resoplé y pensé “uno de los muchos efectos de la
quimio” me recosté en la cama y mientras la escuchaba empecé a llorar.
Quería ir a verla pero
sabía que no me perdonaría. Sabía que no quería que la viera así, que le
dolería verme detrás suyo en esa situación. Lloraba desconsoladamente al saber
que estaba sufriendo, lloraba al escucharla sufrir y lloraba todavía más al
imaginar mi vida sin ella.
Lo extraño es que cuando
te enfrentes a una situación como esa, cuando lo que más te importa del mundo
esta en esa situación, cuando eres consiente de que tu vida de depende única y
exclusivamente de que la vida te conceda el milagro de un día más para estar a
su lado… Cuando la escuchas sufrir, por más que lo intentes, por más que lo
aparentes, nunca consigues ni conseguirás ser fuerte.