Cris y yo amanecimos
juntos, como casi cada día desde que nos reconciliamos. La verdad que pasaba
más tiempo en mi casa que en cualquier otro lado, en cierto modo, estábamos
viviendo juntos pero todavía no se lo había pedido digamos que de forma
oficial.
Desayunamos juntos y
antes de que se fuera a grabar su primer reportaje por las calles de Madrid la
invite a cenar para poder pedirle que viviera conmigo de una forma especial.
No la vi hasta una hora
antes de empezar el programa, la vi entrar a plato con una sonrisa en la cara y
supuse que todo había ido bien.
Yo: ¿Cómo ha ido? –saludándola
con un beso, mientras todos los demás iban llegando a la reunión-.
Cris: genial –sonriendo –todo
el mundo se alegraba de volver a verme, no sabía que me querían tanto.
Yo: a ti es imposible no
quererte –me dio un golpe en el hombro –no me pegues que sabes que tengo razón.
Cris: calla –poniendo moritos
-.
Yo: recuerdas que esta
noche vienes a cenar a mi casa ¿no?
Cris: si que lo recuerdo –sonriendo
-¿vas a cocinar tu?
Yo: no se sae –sentándola
en mis rodillas y llenándola de besos -.
Flo: cuanto amor –nos separamos
avergonzados –toma Cris –dándole su parte del guion, ya que, era la única que
aún no lo tenía –
Yo: ¿estás nerviosa?
Cris: estoy histérica –volví
abrazarla-.
Yo: tranquila, vas a
salirte como siempre lo hacías.
Estuve todo el rato
previo a empezar el programa a su lado, repasando el guion e intentando que se
tranquilizara un poco.
El programa terminó y
después de que Flo nos presentara a Anna
y a mi, llego el turno de Cris.
Yo no pude evitar sonreír
al verla entrar de nuevo a plato, preciosa como siempre, se sentó en el sofá y
empezó a presentar su reportaje.
Mientras veíamos el
primer video corrí mi silla hacia ella.
Cris: ¿lo estoy haciendo
bien?
Yo: ¿lo dudas? –sonreímos
como tontos y volví a mi sitio rápidamente
antes de que acabará el video.
En la publicidad fui
corriendo a su camerino para intentar ser el primero en felicitarle por lo bien
que había echo el reportaje.
Cuando entre a su
camerino estaba leyendo un montón de papeles, al verme los hizo a un lado y corrió
a abrazarme.
Yo: has estado brillante –sin
soltarla-.
Cris: eso es porque los
tres me lo habéis puesto muy fácil –me beso tiernamente-.
Yo: ¿Qué estabas leyendo?
Cris: esta tarde voy a
cubrir un evento –cogiendo los papeles – y como no recuerdo casi a ningún famoso
estoy estudiándome los nombres de los posibles asistentes.
Yo: ¿Quién te ha hecho ese
dosier?
Cris: Flo –sonrió –me esta
ayudando mucho.
Volvimos a besarnos hasta
que Meri nos interrumpió para avisarme que la publicidad estaba a punto de
terminar.
Cuando termino el
programa Cris ya había marchado hacer su reportaje y yo me fui a casa para
preparar todo lo de la cena.
Decidí encargar la comida
a un japonés y a las 9 a estaba todo listo.
Cuando terminamos de
cenar le acerque una cajita a su plato, la misma donde puse las llaves en
París.
Cris: ¿y esto? –me miro
extrañada-.
Yo: simplemente es algo
que ya va siendo hora que vuelvas a tener.
Cris abrió la caja, sonrió
y me beso.
Estaba siendo un beso
perfecto, parecía la confirmación de que viviría conmigo pero de repente se apartó
de mi y me miro extrañada.
Yo: ¿Qué te pasa? –tenía
mala cara y se estaba tocando la cabeza.
Cris: Dani… -parecía
confundida –tú…
Yo: yo ¿Qué? –me estaba
poniendo nervioso así que me acerque a ella la cogí de las manos y la mire a
los ojos -¿Qué te pasa?
Cris: París… -no entendía
nada –esta llave me la diste en París ¿verdad?
Yo: ¿te acuerdas? –si me
decía que si se me iba a salir el corazón por la boca-.
Cris: no estoy segura –seguía
tocándose la cabeza -.
Yo: dime que recuerdas –reconozco
que estaba muy nervioso e impaciente-.
Cris: recuerdo que tú
estabas vestido con un traje muy elegante y me regalaste un vestido precioso
¿no? –asentí con una sonrisa –cenamos en la habitación del hotel y después de
cenar hiciste exactamente lo mismo que has hecho ahora –sonrió –me pediste que
me fuera a vivir contigo yo me lancé a
tus brazos exactamente igual que ahora –empecé a llorar de la emoción que sentía
al saber que ella recordaba esa noche –luego me diste un anillo en el cual habías
grabado una frase “siempre a tu lado” y
me prometiste que algún día nos casaríamos –me levanté de la silla -¿Dónde vas?
Yo: -me dirigí al cajón de
mi mesita de noche, cogí el anillo y volví rápidamente al comedor –este era el
anillo –me sonrió, se lo puse en el dedo
me abrazo con más fuerza que nunca.
Estuvimos un buen rato
abrazados hasta que note que estaba llorando y la aparte para preguntarle que
le pasaba.
Yo: ¿Por qué lloras?
Cris: porque ahora que
recuerdo esa noche, estoy segura que fue una de las mejores noches de mi vida y
no sé como pude olvidarla –le sequé las lágrimas con mis manos-.
Yo: lo importante es que
has conseguido recordarla y estoy seguro
que a partir de ahora vas a ir recordándolo todo.

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