Tras esa conversación
pude dormir medianamente bien, sabía que ella volvería siempre volvía.
Al día siguiente me
encontré a Cris en la puerta de los estudios hablando con Moni. Al verla empecé
a temblar, estaba preciosa, sencilla como siempre y riendo seguramente por las
tonterías que estaría hablando con ella.
Al verme Cris empezó a
sonreírme y yo no pude evitar que la sonrisa apareciera en mi cara al verla.
Cada vez me acercaba más a ellas. Cuando estaba a punto de pasar por su lado
solté un amable: “buenos días” y proseguí mi camino.
Pero fue entonces… justo
cuando pasaba por su lado sin darme cuenta, sin pensarlo, sin ni siquiera planearlo nuestras manos se
rozaron… fue un segundo, un simple instante pero al notar su caricia cerré los
ojos, me estremecí y sentí que un escalofrió recorría mi cuerpo. Únicamente un
roce de su piel contra mi piel, solo bastaba eso para que hacerme temblar.
Fui a ver al resto del
equipo para saber cuales eran los planes de hoy en el programa y en breve
empezamos la reunión.
Para mi sorpresa Cris se
colocó de pie gusto al lado de mi silla mientras observaba el guion y le
explicaban que haríamos durante su reportaje.
Otra vez la tenía a pocos
centímetros de mis y sentía que su perfume y su presencia estaban a punto de
volverme loco… note como movía las piernas en señal de que estaba cansada de
estar de pie y le ofrecí mi asiento:
Yo: ¿te quieres sentar?
Cris: bueno –agachando la
mirada – si no te importa.
Yo: ¿porque me va a
importar? – estaba a punto de levantarse de la silla pero ella se adelantó y se
sentó en mis piernas, dejándome todavía más desconcertado.
Cris: ¿peso mucho? – Respirando
de nuevo el olor de su pelo, en mi mundo - ¿Dani? – haciéndome reaccionar.
Yo: no…
Seguimos atentos de la reunión
mientras comentaban su reportaje. En realidad la única atenta era ella, yo solo
intentaba contener las ganas de rodear su cintura con mis brazos y sentirla
todavía más pegada a mi.
Iban a empezar hablar del
resto del programa y como Cris ya no participaba hizo el amago de ir a sentarse
al sofá e instintivamente mis manos, ahora si, agarraron su cintura para
detenerla.
Yo: quédate – sin apartar
mis manos de su cintura y notando como ella también temblaba – me gusta tenerte
así.
No dijo nada, se limito a
sonreírme y se quedó en mis piernas todo el rato hasta que termino la reunión. Por
primera vez deseaba que esa reunión fuera eterna, que nunca se levantara de mis
piernas pero al terminar lo hizo.
Cris: voy a ver que me
pongo hoy.
Lo dice en alto como si
no estuviera hablando con nadie en concreto pero al encontrar mi mirada con la
suya veo como me guiña el ojo.
Al instante lo sé tengo
que ir a su camerino cuanto antes, sé que me va a estar esperando. Decido hacerme
de rogar, no demasiado, simplemente unos minutos, me apetece hacerla desesperar
un poco.
A los 10 minutos salgo de
plato rumbo a su camerino. Al llegar decido no llamar y simplemente entro al
ver que la puerta esta abierta.
Me la encuentro revolviendo
la burra donde está toda la ropa, no me ha visto, está de espaldas a mí…
Sin dudarlo me aprovecho
de la situación y decido abrazarla por la espalda. Al sentir mis brazos contra
su pecho noto como al principio se asusta, pero enseguida se da cuenta de que
soy yo y sonríe.
Cris: pensaba que no me
habías entendido – dice mientras acaricia mis brazos aun de espaldas a mi.
Yo: siento haberte echo
esperar – entrelazando nuestras manos y apoyando mi barbilla en su cabeza.
Cris: no lo siente –
nuestras manos se separan y por fin decirse darse la vuelta, sube sus manos
hasta mi cuello y yo me aferro a su cintura – querías hacerme esperar.
Yo: -sonriendo mientras
chocho mi cabeza contra la suya – tú eres muy lista ¿no? –abrazando su cintura
con más fuerza para acercarla todavía más a mi.
Cris: no es que sea lista
es que tú eres predecible –noto como acerca sus labios a los míos.
Yo: ¿si? –Digo salivando
mis labios - ¿y que crees que voy hacer ahora?
Cris: nada –acortando
cada vez más la distancia que nos separa – voy hacerlo yo…
Y sin más rompe la
distancia, nuestros labios vuelven a unirse. Al principio tienen miedo, los
primeros besos son dulces, son un te echado de menos mezclados con algún que
otro lo siento. Nuestros labios no se separan más que para coger un poco de
aire, pero enseguida vuelven a encontrarse.
Poco a poco los besos
dejan de ser dulces y se convierten en agresivos, nuestras lenguas empiezan una
batalla dentro de nuestras bocas que ninguno esta dispuesto a perder. Sin pensarlo
sus piernas terminan entrelazándose en mi cintura y su cuerpo termina empotrado
contra una de las paredes de su camerino.
Por suerte Cris lleva un
simple vestido y no es necesario deshacerme poco a poco de toda su ropa, esta
vez no, esta vez simplemente quiero sentirla, entrar dentro de ella una vez
más.
Al parecer ella está tan
desesperada como yo y entiende perfectamente que ahora no va haber besos y
juegos eternos antes de pasar a la acción, no hay tiempo, el programa esta a
punto de empezar y antes necesito terminar esto.
La suelto el tiempo justo
para poder quitarme el pantalón con su ayuda y al instante vuelvo a cogerla. Esta
vez ya no hay nada de por medio y tras un último besos apasionado logro entrar
en ella.
Al sentirme dentro suyo
noto como se estremece y arquea levemente la espalda mientras cierra los ojos y
clava sus uñas en mi espalda, empiezo a besar su cuello mientras no dejo de
moverme y noto como su respiración esta cada vez más entrecortada.
Sus manos se enredan en
mi pelo y escucho como suspira justo
antes de que empiece a morderme el lóbulo de la oreja provocando que mi locura,
mis ganas de tenerla, vayan en aumento…
y unos minutos más tarde
tras un último quejido por su parte ambos conseguimos tocar el paraíso.
Apoyo una mano en la
pared mientras la otra sigue sujetándola y ahora es mi respiración la que esta
entrecortada, respiro profundamente, cansado pero sin apartarla de mi, todavía
dentro suyo.
Me da un dulce beso en la
mejilla y tras chocar nuestras miradas me besa lo más tiernamente posible. Rodeando
mi cuello entre sus brazos y haciendo el impulso necesario para sacarme de ella
y colocar de nuevo sus pies en el suelo, sin dejar de besarme.
Es un beso dulce,
pausado, eterno. Esa era su manera de demostrarme que una vez más le había
encantado estar conmigo… un beso que devolvía la calma a nuestras vidas.