jueves, 30 de agosto de 2012

capítulo 3: era tarde



Así empezó todo, así la conocí, así cambio mi vida. Fue una noche cualquiera, ni siquiera recuerdo la fecha, solo sé que pasó y que en ese momento algo cambio…

Sé perfectamente como empezó todo pero a partir de ahí no soy capaz de entender, no soy capaz de explicar, como llegue a esto.

Como me convertí sin darme cuenta en todo lo contrario a lo que quería ser en su vida. Mi intención desde 
el principio fue conocerla y claro que la conocí. Llegué a conocerla mejor que nadie, pero cometí un error. Me enamoré de ella, me enamoré completamente de esa niña y cuando me di cuenta era demasiado tarde.


Hacia un año que la conocía y nos habíamos convertido en algo difícil de explicar con palabras. Entre los dos se había creado un vinculo que iba más allá de una simple amistad, era como una especie de hermandad que repito una vez más no se como empezó pero sabía que era irrompible. Los dos lo sabíamos.

La veía todos los días, aunque fuera media hora. Todos los días quedábamos en el mismo bar. Ella se pedía una Coca-Cola y yo una cerveza y bromeábamos sobre lo bien o lo mal que nos había ido el día, hasta que ella subía a su casa a cenar.

Como he dicho al principio tarde demasiado en darme cuenta de que me había enamorado. Desde el principio supe que Cris me gustaba, pero a medida que la iba conociendo deje de verla como una mujer, deje de desnudarla con la mirada y me limite a escucharla, me limite apoyarla y llegué a creerme que todo lo que sentía por ella era una especie de amor fraternal.

Pensaba que esas ganas de protegerla siempre, esa rabia que sentía cuando sabía que algo o alguien le hacia daño, esos celos que me comían cuando me contaba algo de alguno de los novios que había tenido en todo esto tiempo... eran fruto de la amistad que había nacido entre nosotros, que esos sentimientos no escondían amor, o quizás si lo sabia y simplemente no quería verlo.

Pero como siempre hay alguien, alguien que te observa desde fuera, alguien que ve como te comportas con esa niña, alguien que te conoce desde siempre, alguien que sabe que has cambiado y decide acercarse a ti para abrirte los ojos.

Estaba en el bar de siempre con Cris y con Irene. Cris estaba a punto de irse, parecía especialmente interesada en dejarme a solas con Irene.


Irene era la mejor amiga de Cris, más de una vez había venido a tomar algo con nosotros y aunque he de reconocer que era una chica muy agradable y preciosa nunca había pasado nada entre nosotros… y tampoco iba a pasar.

Cris: Bueno chicos yo me voy – hice el esfuerzo de levantarme de mi silla. Deduciendo que si ella se iba, nos íbamos los tres – no pero vosotros quedaros tomando algo –dándome un beso en la mejilla, mientras me susurraba al oído – suerte y lánzate de una vez.

Sus palabras me descolocaron por completo pero cuando quise reaccionar Cris ya se había ido dejándome a solas con Irene.

Irene: -por suerte ella tomó la palabra - ¿sabes por qué se ha ido verdad?
Dani: no – agachando la mirada.
Irene: está empeñada en que tu y yo salgamos juntos – sus palabras me sorprendieron pero me ayudaron a entender la despida de Cris hace unos instantes – pero como íbamos a salir juntos si tú… -se calló de repente.
Dani: ¿si yo? –extrañado.
Irene: si tú estás loco por ella…
Dani: ¿Cómo? –la interrumpí incrédulo – Cris y yo somos amigos…como hermanos.
Irene: eso ya lo se – me sonrió dulcemente - pero yo os observo desde fuera. Yo veo como la miras, veo como agachas la mirada, desilusionado, cada vez que ella aparece en el bar conmigo y no viene sola. Veo como cada vez que salimos de fiesta te molesta que alguien pueda acercarse a ella. Veo como tu sonrisa desaparece siempre que Cris habla de cualquier chico que no seas tú. He visto durante un año como ninguno de los novios de Cris te ha parecido bien – estaba cansado de escucharla, de escuchar sus verdades y cuando iba a detenerla ella se me adelantó – Dani… puedes negarlo todo el tiempo que quieras, pero en el fondo sabes tan bien como yo que todo lo que te he dicho es cierto, sabes que la quieres.

En ese momento repase todos los momentos que había vivido con  Cris, recordé como me sentía con ella, descubrí que Irene tenía razón. Que siempre había estado celoso de todo lo que la rodeaba y entendí lo que me pasaba, por fin logré entenderme.


Hacia una semana de esa conversación, una semana desde que Irene me abrió los ojos, des de que entendí 
que la quería, pero no como una hermana sino como algo mucho más grande que eso y por encima de todo, por primera vez desde que la conocí. Llevaba una semana sin verla…

Una semana inventándome cada tarde una excusa diferente para no acudir a nuestro encuentro habitual. Una semana evitándola, una semana huyendo…

Es curioso porque ni siquiera yo sabía de que estaba huyendo exactamente. Estaba poniendo distancia de por medio entre nosotros, creyendo que así la olvidaría, que esto sería una tontería y todo los sentimientos que despertaron de repente esa noche volverían a esconderse con un poco un tiempo. Volvería a poder ocultarlos, volvería a callarlos…

Demasiado tarde para callar lo que sentía y a la vez demasiado tarde para lograr cambiar lo que ella sentía por mí.

lunes, 27 de agosto de 2012

capítulo 2: desconocido



Volvemos a estar frente a frente pero algo es diferente. Ahora no sonríe, mas bien su cara es un poema. Parece que en ese rato que he estado observándola desde lejos no me he percatada de que algo ha pasado, algo le ha pasado, algo ha hecho que pierda la sonrisa.

Cris: si –dice en un hilo de voz.
Dani: ¿estás bien? – Intentando que me mirara – no tienes buena cara…
Cris: estoy bien – sonriendo falsamente.

Por un momento dudo entre dejarla marchas o seguir insistiendo. Al final me decanto por la primera opción, al fin y al acabo, nos acabamos de conocer y aunque sé que algo le ha pasado no puede pretender que le cuente sus problemas a un desconocido... y en estos momentos no soy más que eso.

Me hago a un lado y dejo a Cris pasar. Observo como se va y al volver la vista al frente veo que su amiga no se ha ido con ella.
*: Solo está un poco borracha – me dice la amiga de Cris justo cuando nuestras miradas se cruzan.
Dani: ya… -intentando disimular mi preocupación – ¿y si está borracha dejas que se vaya sola?
*: ¿Qué clase de amiga crees que soy? – Incrédula – en la puerta la está esperando su pareja.

Una sensación extraña invade mi cuerpo tras escucharla ¿su pareja? Es una chica preciosa y no era de extrañar que tuviera novio pero hasta el momento no había pensado en esa posibilidad.

Me limito a sonreír y veo como ahora sí la amiga de Cris desaparece de mi vista. Es raro ni siquiera he preguntado su nombre y eso que esa chica también era preciosa.

Busco con la mirada a mi hermano para despedirme de él. Las ganas de fiesta han desaparecido al saber que esa chica de la que solo se el nombre tiene pareja.

Tras despedirme salgo del local y me dirijo hacia mi coche. Todavía con esa extraña sensación. No es la primera vez que una chicha que me llama la atención en un local termina teniendo novio y cuando lo descubro simplemente paso pagina, no insisto… se lo que quiero en ese momento y no estoy dispuesto a joder la relación que tiene con su chico para estar una noche con ella.

Pero son Cris es distinto, ahora sé que tiene pareja y aun así me niego alejarme de ella, me niego a no volver a verla… y por primera vez desde que me conozco, no me entiendo.

Estoy a punto de llegar hasta mi coche cuando veo a cris sentada en la acera con el móvil en la mano. Sin pensarlo me acerco hacia ella, seguramente piense que soy un pesado pero ¿Cuándo voy a volver a verla?

Dani: ¿Qué haces aquí? – me mira un momento e inmediatamente vuelve a fijar la mirada en el suelo – ¿no se suponía que te venía a recoger tú pareja?
Cris: se supone – encogiéndose de hombros – pero no está aquí ¿no?
Dani: ¿sabes donde está? –Niega con la cabeza – si quieres puedo llevarte a casa – poniéndome las manos en los bolsillos.
Cris: te lo agradecería…

Le ayudo a levantarse del suelo y nos dirigimos a mi coche. Nada más subir le pido a Cris que me de la dirección de su casa para insertarla en el GPS.

Dani: ya que te llevo a casa merezco saber algo más de ti ¿no? – digo poniendo en marcha el coche.
Cris: ¿Qué quieres saber? –mirándome esta vez como al principio de todo.
Dani: Todo –digo casi sin pensar.
Cris: ¿todo? – Colocando las manos en el reposacabezas – no suelo contarle todo a un desconocido…
Dani: -desviando un momento la mirada de la carretera para observarla - ¿pero si sueles montarte en el coche de un desconocido?
Cris: -soltando una leve carcajada – no, normalmente no me dejan tirada y si lo hacen suelo tener dinero para un taxi…
Dani: así que no vas a pagarme el trayecto ¿no? – volviendo a reírse.
Cris: ¿y tú? ¿Sueles llevar a muchas desconocidas a su casa?
Dani: no…
Cris: mentiroso…
Dani: es verdad – sonriendo pícaramente – suelo llevarlas a mi casa.
Cris:-riéndose todavía con mas ganas que hace un instante – así que eres un fantasma…
Dani: algo parecido…

Seguimos bromeando hasta que llegamos a su casa.
Cris: gracias por traerme –quitándose el cinturón.
Dani: de nada… sé que soy un desconocido pero un chico que te deja tirada en plena noche… quizás no sea el adecuado.
Cris: a las chicas nunca nos gusta el chico adecuado – abriendo la puerta del coche – buenas noches desconocido.
Dani: -volví a detenerla antes de que se bajara – ya que no he conseguido saber toda tu vida, podrías darme tu móvil ¿no?

Accedió con una sonrisa y una vez intercambiamos los teléfonos subió a su casa.

Ahora solo esperaba volver a verla, saber porque esa chica me llama tanto la atención. Ahora quiero saberlo todo.

domingo, 19 de agosto de 2012

capítulo 1: conocerla



Yo Dani Martínez, un muchacho de León  con 27 años que intenta hacerse un hueco en el mundo de la tele pero que por el momento, digamos que no he tenido suerte.

He participado en varios programas de radio y en algunos programas de televisión, pero de momento ninguno me ha llevado al estrellato, aunque no me quejó. Soy de esas personas que cree en las oportunidades, que cree que si luchas por un sueño al final este se cumple y estoy seguro de que mi oportunidad llegará.

Hace unos años que vivo solo en Madrid pero este fin de semana ha venido a visitarme mi hermano pequeño, Nacho. Así que lo más seguro es salgamos esta noche. No me interpretéis mal, a mi me encanta salir, es más, salgo casi todos los fines de semana. Pero hoy íbamos a salir con los amigos de Nacho y aunque los conocía a todos y nos llevábamos realmente bien no eran mis amigos.

 Dani: ¿Dónde hemos quedado? –pregunte a Nacho nada más coger el coche.
Nacho: En la puerta del local.

Conduje hasta dicho local y nada más llegar nos encontramos con los amigos de Nacho. La noche iba mejor de lo previsto.

Nacho: ¿esta noche no sales a cazar?
Dani: ¿por quien me tomas? – soltando una leve carcajada.
Nacho: Nos conocemos – dijo Nacho dándome una palmada en la espalda.
Dani:  Todavía no he visto nada interesante.

Nacho decidió salir a bailar, mientras yo me quedé apoyado en la barra analizando el ambiente. En esa discoteca había chicas realmente preciosas pero ninguna acababa de llamarme la atención. Hasta que…

Cris: Joder, perdona – alguien acababa de tirarme una copa encima.
Dani:  No pasa nada – observando mi camisa manchada y secándola con las manos.
Cris: Si pasa… joder soy una torpe –seguía observando el destrozo pero todavía no había alzado la mirada para contemplar a quien pertenecía esa voz de mujer – toma – unas manos preciosas me extendieron un pequeño pañuelo – sécate con esto.
Dani:  Gracias – cogiendo el pañuelo y encontrándome por primera vez con su mirada.

Sus grandes ojos marrones me envolvieron nada más verla y su avergonzada sonrisa provoco que al instante apareciera la mía.

Dani:  Bueno –volviendo a la realidad pero sin dejar de contemplarla – ya que me has jodido la que probablemente sea mi camisa favorita – apoyando mi barbilla en mi mano – creo que merezco saber tu nombre…

Antes de contestarme me concedió el honor de escucharla reír por primera vez y al hacerlo puede comprobar que era todavía más perfecta si era posible. Su risa provocaba la mía, y tras unos cuantos minutos riendo sin sentido volví a tomar la palabra.

Dani:  No entiendo de que te ríes tanto – cruzándome de brazos.
Cris: Yo tampoco – volviendo a sonreírme – supongo que soy así y quizás voy un poco bebida – señalándome la bebida y volviendo a reírse.

Era extraño, diferente, no sabía todavía el nombre de esa chica pero desde que la había escuchado reír solo deseaba que no dejara de hacerlo.

Dani:  Yo me llamo Dani – extendiendo mi mano para presentarme.
Cris: Yo Cristina – ignorando mi mano y dándome dos besos – encantada.

Tras sentir el roce de su piel volví a paralizarme por uno momento.
Dani: Bonito nombre – dedicándole una amplia sonrisa.
Cris: Gracias –respondió a mi sonrisa – y siento haberte ensuciado pero ya estamos en paz ¿no?

Me hubiera gustado contestarle que no pero no me dio tiempo. Cogió su cubata y desapareció entre la gente. Mis ojos fueron tras ella y no dejaron de observarla durante toda la noche.

Mi mente solo repetía su nombre “Cristina” y en mi cabeza seguía resonando todavía su risa. Pensé en ir tras ella pero algo me frenaba, una parte de mi decía que era mejor no volver hablar con ella. Creo que por primera vez en mi vida sentía miedo a seguir hablando con esa chica, miedo a que me gustará de verdad.

No me apetecía ir, hacer una de esas preguntas típicas que se hacen en las discotecas para ligar. Y no es que no quiera ligar con ella, ¿Cómo no voy a querer si como he dicho antes es preciosa?

Es simplemente que me pueden las ganas de seguir conociéndola. No quiero que termine en mi cama esta noche. Quiero saber donde vive, saber que le gusta, saber sus aficiones, sus gustos, en definitiva quiero saber quien es.

No deje de mirarla en toda la noche mientras seguía pensando que era lo mejor, hasta que algo me hizo reaccionar. Vi como se acercaba con una amiga al guardarropa y sacaba sus cosas.

Mis pasos se dirigieron hacia ella y logré alcanzarla antes de que saliera del local.

Dani: ¿ya te vas?

sábado, 18 de agosto de 2012

prólogo


Un día cualquiera, sales de fiesta, te diviertes, todo es perfecto… Hasta que algo cambia, sin darte cuenta, sin previo aviso tu corazón se para, se para simplemente porque la conoces.

A ella, una chica cualquiera, en teoría una más de las mil que has conocido pero con algo especial, algo único. Algo inexplicable que te obliga a no dejar de mirarla.

 Casi cuando la noche está a punto de terminar, reaccionas, te das cuenta de que tienes que hacer algo, debes acercarte a ella, hablar y descubrir si es algo más que una cara bonita. 

Te acercas a ella, habláis, todo es perfecto. Congeniáis de una manera difícil de explicar, difícil de entender. Por primera vez en mucho tiempo o quizás por primera vez a secas. Estas hablando con una chica, en una discoteca sin pretensiones de algo, simplemente de escucharla hablar, de saber, si es posible, en una noche toda su vida.

Hablas, ríes y vuelvas hablar, pero a medida que la conversación transcurre descubres que no todo es tan fácil, que esa chica que te gusta es inalcanzable. Lo sabes por muchos motivos: el principal tiene novio, luego es 6 años más joven que tú… cosas que no deberían importante si fuera solo un polvo más…

 y entonces lo descubres, esa chica a cambiado algo en tu vida, no te importa que tenga novio, no te importa la edad. Solo te importa que ahora que la has conocido no desaparezca de tu vida.

Es en ese precioso momento cuando cometes ese gran error, cuando aun sabiendo que esa niña te gusta, 
decides convertirte en su amigo.

En realidad con el tiempo llegáis a ser mucho más que amigos, ella te ve como un protector, incluso llega a decirte que eres como su hermano mayor. Tú sufres, más de lo normal, más que nunca, y terminas mintiendo. Aseguras que para ti ella es como tu hermana pequeña y prometes que vas a estar siempre a su lado para protegerla de cualquiera que se atreva hacerle daño y lo cumples.

Aparentemente ella es lo más parecido a una hermana pequeña que has tenido nunca pero en realidad es la primera chica que te ha enamorado…

¿Por qué nadie lo sabe? ¿Por qué ella no lo sabe?

Es sencillo, no lo sabe porque eres consciente que ella no siente lo mismo. Prefieres estar a su lado, prefieres ser su protector, prefieres no perder por nada del mundo eso que os une, prefieres seguir siendo la primera persona a la que llama cuando algo sale mal, prefieres poder ir a recogerla un día a su casa porqué sí y llevarla a cualquier lugar, prefieres ser la persona del mundo en la que mas confía, prefieres saber que eres algo especial en su vida…

Aunque en el fondo duela, simplemente prefieres escucharla reír.

jueves, 2 de agosto de 2012

capítulo 150: 2 de Agosto III


Párroco: pues si estás tan convencido de que esta vez vendrá, mas te vale comer algo…

Eran casi las  8 de la tarde y no había comido nada desde el desayuno. Nos pusimos en pie y fuimos a su casa, en el interior de la ermita.

Juan me preparó una tortilla a la francesa y aunque no tenía mucha hambre me la comí. Poco a poco los nervios iniciales estaban desapareciendo y la esperanza se desvanecía.

Estaba a punto de terminar de comer cuando recibí un whatshap. Lo abrí desganado pero cuando en la pantalla vi que el what era de Cris todo se paralizó.

Párroco: ¿Qué pasa hijo? –observando mi cara de asombro.
Yo: es Cris… -intentando que el temblor de mi mano me dejará abrir el mensaje.
Párroco: ¿y? –con una sonrisa en la cara - ¿Qué quiere?

Tardé unos segundos en contestarle todavía no había leído el mensaje.
“¿dónde estás?... dime que no te cansaste de esperarme”

El what iba acompañado de una foto de la ermita.

Me levanté de un saltó tras leer el mensaje y fui corriendo a su encuentro mientras le decía a Juan.
Yo: ella está aquí.

Iba corriendo hasta que la vi a lo lejos y decidí dejar de correr. Me paré en seco unos segundos, tratando de buscar las palabras perfectas para decírselas después de un año sin verla pero no me salía nada.

Fui acercándome lentamente a ella, quedaban unos pocos metros hasta su encuentro. Ella todavía no me había vistos, estaba de espaldas contemplando el paisaje.

Un soplo de aire fresco provoco que ella se girara. Fue entonces cuando nuestros ojos se encontraron después de tanto tiempo y ella, ella simplemente me sonrió.

Cris: siento haber llegado tarde –agachando la mirada.

No lo pensé dos veces y tras escucharla la abracé con todas mis fuerzas.
Yo: nunca es tarde –incapaz de soltarla.

Volvía a tenerle entre mis brazos, había vuelto, estaba ahí… después de todo, después de tanto…
Yo: - apartándola un poco de mí sin soltar su cintura - ¿Qué has hecho durante todo este año?
Cris: intentar ser feliz – rodeando mi cuello con sus manos.
Yo: ¿y lo has conseguido? –atrayéndola de nuevo hacía mi.
Cris: si lo hubiera conseguido no estaría aquí…

Se acercó a mí lentamente hasta llegar a chocar nuestras frentes. No pude evitar suspirar al volver a notarla tan cerca. Tenía medio, hacia un año que no la besaba, quizás había olvidado hasta como hacerlo.

Seguía sumergido en mis pensamientos dudando si besarla o simplemente volver abrazarla, pero por suerte ella rompió la poca distancia que nos separaba.

Nada más notar sus labios rozando los míos recordé perfectamente nuestra forma de besarnos. Entreabrí mis labios para dejar paso a su lengua, la mía salió de su escondite y empezó a jugar con esta.

Fue un beso intenso, un te echado de menos eterno. Rodeé su cintura todavía con más fuerza para pegarla todavía más a mi, mientras ella se estremecía y subía sus manos a mi pelo.

Parecía que iba a ser un beso eterno hasta que Juan nos devolvió a la realidad.
Párroco: ejem –tosiendo para que nos separáramos y así hicimos. Al verle Cris se escondió en mi cuello, avergonzada – bienvenida esta vez, hija – extendiendo la mano para saludarla.
Yo: le dije que vendría –abrazándola de nuevo.
Párroco: -sonriéndonos ampliamente - voy a prepararlo todo.

Juan volvió dentro de la ermita y Cris me miró sorprendida.
Cris: a preparar ¿Qué?
Yo: una boda ¿no? – atrayéndola a mi de nuevo y besándola sin dejarle hablar.
Cris: pero Dani – intentando apartarse de mi – llevamos un año separados… ¿no deberíamos esperar?
Yo: ¿esperar a que? –Cogiendo sus manos - ¿acaso no has venido a casarte?
Cris: he venido para volver a ser feliz – subiendo sus manos a mi cuello – para siempre.

La besé nuevamente y sin dejar de abrazarla la guie hasta mi coche. La solté un instante y abrí el maletero.
Cris: ¿Qué haces?
Yo: no pensaras que voy a casarme en chanclas y vaqueros ¿no? – Sacando el traje del maletero - ¿tú no has traído tu vestido?
Cris: - tirándose a mis brazos – pues claro – dándome pequeños besos en el cuello hasta que la aparte.
Yo: espera – mirándola confundido – entonces ¿por qué acabas de decirme que era mejor esperar?
Cris: quería ver que decías – abrazándose a mi pecho.
Yo: ¿y si hubiera aceptado esperar? – separándome de ella de nuevo.
Cris: pues abría esperado –mirándome divertida – total vamos a estar toda la vida juntos.
Yo: te quiero.

Esta vez fui yo quien la abrazó. Unos segundos después nos separamos y entramos en la ermita para preguntarle al párroco donde podíamos cambiarnos.

Juan llevo a Cris a su habitación y yo me cambie en el comedor. Estaba nervioso, histérico, en una nube, en un sueño… mejor dicho cumpliendo un sueño.

Juan me ayudo a terminar de colocarme el traje y me acompaño al altar exterior para esperarla.
A los pocos minutos oí como un coche aparcaba cerca de la ermita. Miré confundido a     Juan y este me sonrió… unos segundos después una pareja, bastante mayor, se estaba acercando a nosotros.
Párroco: puedes casarte sin invitados, pero no sin testigos.

Yo: - había olvidado por completo ese pequeño detalle pero por suerte Juan lo tenía todo planeado – gracias – dándole un abrazo y saludando a la pareja – encantado.

La pareja me sonrió y se colocó un tanto apartada de nosotros.

Los minutos pasaban lentamente hasta que ella apareció… soy incapaz de encontrar la palabra perfecta para describir lo que sentí al verla. Estaba preciosa, llevaba un vestido blanco, sencillo como ella, era un vestido palabra de honor con un sencillo bordado cada imperceptible a la vista. Se había recogido el pelo con una sencilla coleta a un lado y llevaba la cara prácticamente lavada. No se había maquillado en exceso solo llevaba un poco de colorete y las pestañas tan perfectas como siempre.

Iba recorriendo poco a poco la poca distancia que nos separaba y no pude reprimir las lagrimas al verla tan cerca. Poco a poco la veía entrar de nuevo a mi vida para convertirse ahora si en mi mujer…

 Cogí sus manos para ayudarla a subir al altar y casi sin pensarlo deposite un dulce beso en su mejilla.
Yo: estás preciosa – susurrándole al oído.
Cris: tú también.

La ceremonia empezó. Por suerte Juan no se entretuvo demasiado y el momento de colocarnos los anillos llego bastante rápido.

Yo: cogiendo el anillo y posteriormente cogiendo su mano – podría decirte un millón de cosas, pero todo se puede resumir en una simple frase… “te quiero” –ella sonrió mientras se le humedecían los ojos – y sé que no voy dejar de hacerlo nunca… has tardado un año en volver y créeme que si no hubieras venido, habría seguido esperándote… -deposité el anillo en su dedo – hoy, aquí y ahora te prometo algo muy sencillo y a la vez complicado. Algo que estaré encantado de cumplir todos los días de mi vida… hoy te prometo amor eterno.

Estrujó mi cara entre sus brazos e hizo el intento de besarme pero el párroco la detuvo.

Párroco: todavía no es el momento.

Ambos sonreímos y Cris cogió el anillo que faltaba para depositarlo en mi mano.

Cris: ahora mismo solo se repite una palabra en mi cabeza… “gracias” –cogiendo mi mano – gracias por estar aquí, por haberme esperado todo este tiempo. Gracias por haber sido paciente, por no haber perdido la esperanza. Gracias por no haber intentando dejar de quererme y gracias por seguir haciéndolo –empezó a deslizar el anillo entre mi dedo mientras a ambos se nos escapaban las lagrimas – siento haber tardado tanto en volver. Siento no haber venido el año pasado, pero espero que entiendas que por ese entonces la herida era demasiado reciente… hoy cuando te he visto te he dicho que había venido para ser feliz y esa palabra solo adquiere su total significado a tu lado… te quiero.

Coloqué mi mano en su rostro para secar sus lágrimas. Juan nos miraba embobado y tras unos leves segundos pronuncio la mítica frase, dejando por fin que mis labios volvieran a unirse a los suyos.
“te quiero”  pronunciamos los dos a la vez mientras seguíamos besando. Me aparte de ella y tras firmar los papeles nos despedimos del Juan y de los testigos que él nos había conseguido.

Cris: ¿Dónde vamos tan rápido? – sin soltarse de mi mano mientras nos dirigíamos al coche.
Yo: sabía que ibas a tardar – miré el reloj – todavía estamos a tiempo.
Cris: ¿para?
Yo: tenemos un viaje pendiente…
Cris: ¿nos vamos ahora? –mirándome como una niña pequeña.
Yo: si…
Cris: pero ¿y mi coche?
Yo: estoy segura que Juan lo cuidará perfectamente. Cuando volvamos venimos a buscarlo.
Cris: -parando en seco - ¿y piensas recorrer el aeropuerto así vestidos?
Yo: ¿quieres cambiarte? –Asintió – vale pero no tardes.
Cris me hizo caso y a los pocos minutos estaba ya cambiada al igual que yo. Ya había colocado su maleta en mi maletero.


Llegamos a nuestro hotel en Verona pasadas las 4 de la mañana. Nada más entrar en la habitación empecé a comérmela a besos pero ella me detuvo.
Cris: espera – separándose de mí.
Yo: ¿por? –cogiéndola de la cintura nuevamente.
Cris: necesito ir al baño… -valiendo a separarse.

Al final me di por vencido y Cris se metió en el baño. Me tumbe en la cama y unos minutos después la vi aparecer nuevamente con su vestido de novia. No pude evitar reírme al verla mientras la atraía nuevamente hacía mi.

Cris: esta es la ropa de la que debes deshacerte hoy ¿no crees? – apoyando sus brazos en mis hombros y tirándonos en la cama.

No dije nada, simplemente empecé a llenarla de besos, deshaciéndome de sus vestido, volviendo a besar su cuerpo, volviendo hacerla mía… volviendo a tocar el paraíso.

No recuerdo exactamente cuantas oportunidades nos hemos dados ambos durante toda esta historia, pero hoy nos habíamos dado la última, la definitiva, la que duraría eternamente.

-FIN-

capítulo 149: 2 de Agosto II


Y llego un nuevo 2 de Agosto, esta vez del 2013…

Había pasado un año desde aquel día, un año desde que ella no llegó. Un año en el que no había dejado de preguntarme cada noche porque no había venido…

Tenía mil teorías respecto a su ausencia pero la que más me convencía era que no había sido capaz de perdonarme… En un año su vida puede haber dado tantas vueltas…

La mía también las dio, empecé a trabajar en “Guapsap” y aunque al principio todos teníamos miedo de hundirnos con este nuevo proyecto, lo cierto es que acabábamos de terminar la primera temporada y ya nos habían confirmado que volveríamos en septiembre con la segunda.

Así que digamos que en el ámbito profesional este año había sido mejor de lo esperado, pero en el sentimental…

En el sentimental la cosa cambiaba, supongo que podéis imaginaros que seguía enamorado de ella, que seguía esperándola, pero llevaba más de un año sin hablar con ella.

No hablaba con ella pero gracias a Anna sabía lo justo, sabía que estaba viva, sabía que estaba bien. Nunca me atreví a preguntar si estaba con alguien, prefería no saberlo, quizás de esta manera me engaño pero gracias a no saber nada puedo mantener intactas las esperanzas y pensar que este año, este año quizás si que aparezca.

El día empezó exactamente igual que hace un año, amanecí en León y temprano cogí el coche rumbo a la ermita. No os extrañéis, hace un año que tenía la fecha reservada para nosotros….


2 Agosto 2012…
Párroco: no va a venir –era ya casi media noche.
Yo: lo sé –mirando al infinito.
Párroco: lo siento, hijo – dándome de nuevo una palmada en la espalda.
Yo: no pasa nada – secándome los ojos – si no es este año será el siguiente –intentando sonreí.
Párroco: ¿el siguiente? –sorprendido.
Yo: ¿recuerda que le dije que si ella no venía tendría que hacerme otro favor? –Asintió con la cabeza – bien, necesito que desde ya reserve el 2 de Agosto del año siguiente para mi, para nosotros…



Estaba dentro del coche, sonreí al recordar mi conversación con el párroco y todo lo que me había ayudado sin rechistar, sin hacer más preguntas de la cuenta, siempre apoyándome, como un padre…

Estaba a punto de llegar. En mi maletero estaba todo exactamente igual que la última vez. El traje, que por suerte aún me quedaba perfecto, una pequeña maleta y unos nuevos billetes a Verona.

Llegué a la ermita y exactamente igual que el año pasado desayune con el párroco.
Párroco: ¿esta vez también sabe que estás aquí?
Yo: Sí… ayer le escribí un mensaje diciéndoselo, pero no contestó…


Recordé el what que le había enviado la noche anterior…
“ha pasado un año, por si lo dudabas… El párroco, la iglesia, Verona y yo te seguimos esperando”


Párroco: entonces ¿Por qué has venido?
Yo: algo me dice que hoy vendrá –volvía a sonreír mientras terminaba de desayunar.

Las horas pasaban y ella seguía sin aparecer. Las esperanzas poco a poco se iban desvaneciendo, ya eran las 6 de la tarde.

Volvía a estar sentado en el mismo altar del año pasado, solo con mi soledad, esperándola… volvía a llorar, este año pensaba que si que vendría, estaba seguro.

Párroco: -sentándose a mi lado – parece que este año tampoco.

Yo: eso parece –agachando la mirada – esperemos que el siguiente venga…

Párroco: hijo – colocando su mano encima de mi hombro señal de afecto – ya ha pasado un año… ¿no te has parado ha pensar que quizás este con otro? Que sea feliz y por eso no haya venido…

Yo: -no puede evitar llorar al imaginármela con otro – claro que lo he pensado, lo he pensado durante todas las noches que he pasado sin ella y he muerto cada vez que lo pensaba… puede que este con otro, puede que por eso no venga, pero… pero sé que si está con otro, no va amarlo como me ama a mi. Suena un tanto egocéntrico, pero lo sé… sé que por más que lo intente no va a conseguir tener con nadie una historia mejor que nuestra, lo sé y cuando ella se dé cuenta vendrá…

Párroco: ¿Por qué estás tan seguro?

Yo: porque este amor no puede sentirlo yo solo, sé que si yo la quise tanto fue porque ella también me quiso y si yo sigo haciéndolo sé que ella también….

Párroco: pero ya paso un año hijo…

Yo: pero en nuestra historia el tiempo siempre ha estado de mi parte. Cuando nos conocimos estuvimos juntos unos pocos meses, hasta que yo me acobardé y la dejé –Juan me miraba extrañado – paso poco más de un año hasta que volvimos a vernos. Ella tenía su vida, su pareja y yo me había convertido en el típico loco que cada noche está con una diferente. Aparentemente los dos nos habíamos olvidado pero volvimos vernos y cuando volvía verla sonreír supe que no podría olvidarla jamás. Por ese entonces, nuestra historia solo llevaba un par de páginas escritas y después de un año ninguno de los dos pudo olvidarla…. Ahora, ahora que nuestra historia tiene más de mil paginas, estoy convencido de que es inolvidable… y tarde o temprano este año o el siguiente volverá.

capítulo 148: 2 de agosto I


Por fin llego el día, ya era 2 de Agosto… el día de mi boda, de nuestra boda, pero nada sería como lo habíamos planeado.

No había invitados, no había banquete… por no haber la verdad es que ni siquiera había novia…
Como ya sabéis, Cris decidió no perdonarme y la verdad es que tras el último programa de Otra Movida, tras la cena de todo el quipo, tras esa despida … no había vuelto a verla, no había vuelto a saber nada de ella.

Tras el programa desapareció, se esfumó como el viento no se adonde, abandonó su twitter, solo twitteaba alguna tontería muy de vez de cuando… pero nada interesante. Suponía que seguía de vacaciones con Irene.

Mis amigos, nuestros amigos, no se si por petición suya o por decisión propia tampoco me hablaban de ella.

Yo por mi parte, intenté hacerle caso, suspendí el banquete, llame a todos los invitados… pero hubo algo que no hice, o por lo menos no del todo…

Días atrás…
Yo: Hola –entrando en la ermita.
Párroco: Hola muchacho – acercándose a mi y dándome un abrazo - ¿y la novia?
Yo: no ha venido…
Párroco: pero muchacho –abriéndose de brazos – sabes que al curso prematrimonial  tenéis que asistir los dos…
Yo: ya – agachando la mirada – de eso quería hablar con usted…
Párroco: llámame Juan –dedicándome una sonrisa. Ese hombre desprendía  dulzura y bondad por todas partes. Sabía que me ayudaría - ¿Qué sucede? –nos sentamos en uno de los múltiples bancos de la ermita.
Yo: venía avisarle que al final la boda no será como teníamos planeada – quiso hablar pero no le dejé – no va haber invitados y… bueno la novia no vendrá a ningún cursillo, es más dudo que aparezca el día de la boda…
Párroco: no logro entenderte, chico – posando sus manos en sus rodillas…
Yo: verá la novia y yo ya no estamos juntos – se me formó un nudo en la garganta.
Párroco: ¿entonces has venido a cancelar la boda? – mirándome interrogante.
Yo: No…
Párroco: pero si no hay novia – abriéndose de brazos.
Yo: lo se, pero…. Juan, Usted debe creer en los milagros más que cualquiera… quizá ese día ocurra un milagro y ella aparezca ¿no?
Párroco: eso no podemos saberlo hasta que llegué el día, hijo – dándome una palmada en la espalda.
Yo: lo sé… es por eso que quiero pedirle que aunque no haya invitados, aunque seguramente ella no venga… necesito que siga reservando esa fecha para nosotros, por si ocurre el milagro – cada vez me costaba más articular palabra – le puedo asegurar que yo estaré aquí desde primera hora de la mañana… esperándola.
Párroco: ¿y si nunca llega?
Yo: entonces tendrá que hacerme otro favor…


Eran las  8 de la mañana y ya estaba en pie. La noche anterior había llegado a León para estar más cerca de la ermita.

 Acaba de salir de la ducha, por suerte mis padres todavía no se habían despertado, así que no tendría que contestar preguntas.

Salí de casa y cogí el coche rumbo a la iglesia. En el maletero llevaba una maleta y dentro de esta estaban nuestros billetes a Verona, otra cosa que no había cancelado. Junto a la maleta llevaba cuidadosamente colocado el traje a medida que me hizo el sastre. Si ella venía me lo pondría lo más rápido posible antes que el párroco nos casara.

Un poco mas tarde de las 9 ya estaba en la ermita, Juan estaba esperándome. Me invito a pasar a su casa y me preparo un café con unas tostadas para que desayunáramos juntos.
Juan: ¿estás nervios, hijo? –adoraba que me llamara así.
Yo: Como un flan – tomando un poco de café - ¿crees que vendrá?
Juan: eso solo lo sabe él –señalando al cielo y provocando que soltara una leve carcajada.

El tiempo pasaba lentamente, más lentamente de lo normal, pero al final terminaba pasando y ella… ella no aparecía. Estaba dispuesto a esperarle todo el día, hasta que anocheciera. Juan lo sabía y sin agobiarme permanecía todo el rato a mi lado por si necesitaba algo.

A media tarde, después de comer algo con él decidí ir a dar una vuelta por los alrededores de la ermita.

Mis pasos me llevaron al pequeño altar exterior donde hace tan solo unos meses Cris y yo hicimos un ensayo de nuestra boda.

Una lágrima recorrió mi mejilla al recordar esa escena, si se pudiera retroceder en el tiempo, volver atrás y no cometer jamás el error que cometí…

 Termine sentándome en el altar. Estaba a punto de anochecer y ella seguía sin aparecer…

A los 9 noté como Juan se sentaba a mi lado.
Yo: no ha venido… -hacía horas que estaba llorando en aquel altar.
Juan: Quizás no imaginaba que estarías aquí…
Yo: ella lo sabía…


Fue entonces cuando recordé el what que le envié justo ayer por a noche.

“puede que no lo recuerdes, pero yo no puedo olvidarlo… mañana es 2 de Agosto, la fecha escogida, nuestra fecha… el día que ambos decidimos que cumpliríamos un sueño… sé que hace unos meses destruí todos esos sueños…  pero yo MAÑANA ESTARÉ ESPERANDOTE y si no vienes… si no vienes quiero que sepas seguiré esperándote cada 2 de Agosto, en el mismo lugar, en la misma ermita… puedes tardar los años que te hagan falta… una vez te dije que podría esperarte una vida entera.”

miércoles, 1 de agosto de 2012

capítulo 147: haberte perdido


Cuando llegué al restaurante acompañado de Berni ahí estaban todos los que habían decidido no ir a casa y en realidad solo faltaba Cris.

Nos sentamos y vi como Anna se ponía hablar por teléfono. Nada más colgar se dirigió a todos nosotros.

Anna: era Cris –el miedo a que no viniera se apoderó de mi – dice que vayamos pidiendo, que llega en menos de 15 minutos – respiré aliviado.

Hicimos caso a Anna y empezamos a pedir. Había ido mil veces a ese restaurante con Cris así que me tomé la pequeña libertad de pedir por ella, ya que no había llegado.

Anna: ¿vas a comerte todo eso? –sorprendida.
Yo: no –cerrando la carta – pero ya que va a llegar tarde he pedido también lo de Cris… - Anna se rio – no te rías, he venido mas de una vez con ella a este lugar, se lo que le gusta.
Anna: no lo dudo –seguía riendo – simplemente me hace gracia…

A los pocos minutos llego Cris. Se sentó al lado de Anna, ya que, ella le había guardado el sitio.
Cris: -dejando sus cosas en la silla – siento llegar tarde –sonriendo a todo el equipo –voy adentro a pedir…
Anna: no –deteniéndola – ya hemos pedido por ti.
Cris: -sorprendida - ¿y eso? – sentándose en la silla que esta vez, al contrario que en el bar, estaba justo en frente mio - ¿Qué me has pedido?
Anna: no he sido yo – señalándome con el dedo y provocando que Cris me mirara.
Yo: te he pedido lo de siempre –contestando a su pregunta.
Cris: gracias – agachando la mirada y volviendo hablar con Anna.

Durante el resto de la cena no volvimos a cruzar palabra. Todos hablábamos a la vez en pequeños grupos  y a veces alguno se iba añadiendo a la conversación espontáneamente. Como suele pasar siempre que se 
reúne un grupo grande de gente.

De vez en cuando desviaba la mirada para mirarla, era inevitable. La veía peleándose con el plato para poder terminárselo. Veía como nada más traerle otro plato el ansia por probarlo hacia que se quemara la boca y fuera corriendo a beber un poco de agua… en definitiva la veía ser ella, pero lejos, demasiado lejos de mi.

 Después de la cena nos dirigimos a un local de Madrid, por suerte nos colocaron a todos en la zona vip por lo que no nos encontramos a muchos fans esa noche.

Una vez dentro del local perdí de vista a Cris y al resto de chicas, suponía que se habían ido todas a bailar al medio de pista.

La busqué con la mirada unas cuantas veces y al no verla decidí ir a la barra a pedirme algo de beber.
Vacilé un poco antes de pedir y el recuerdo de la última vez que salí hizo que me limitara a pedir una Coca-Cola.

Para mi sorpresa nada más entregarme la bebida una voz conocida me hablo.
Cris: ¿ya vas a empezar a beber? –colocándose justo a mi lado – ponme un Malibu con piña – dirigiéndose a la camarera.

Yo: veo que tu también…
Cris: si, pero hay una diferencia…
Yo: ¿Cuál? –pregunté sin pensarlo.
Cris: yo jamás pierdo el control – sabía que eso era una indirecta – esto –señalando el vaso – no me hace mandarlo todo a la mierda.

Iba a perderse entre la gente pero la cogí del brazo, provocando que al girarse se le cayera un poco de la bebida.
Cris: Joder –secándose el brazo.
Yo: lo siento –acercándola a la barra para que se limpiara con una servilleta.

Se limpió e iba a volver a irse pero tenía algo que decirle.
Yo: espera – esta vez la detuve con más cuidado – esta es la última noche, todo está punto de terminar… ¿no podemos pasarlo bien?
Cris: yo lo estoy pasando mejor que nunca.

Esta vez si que volvió a la pista y yo decidí salir a tomar el aire. Estuve fuera, apoyado en la puerta un buen rato. Intentando buscar la manera de acercarme a ella sin que me reprochará o me echará en cara mi error.

Cuando estaba a punto de volver a entrar la vi salir, con el bolso en la mano.
Yo: ¿ya te vas? –acercándome a ella y provocando que se asustara.
Cris: joder, que susto –apartándose un poco de mí– si, mañana tengo que salir temprano al aeropuerto.
Yo: a la boda de Patri ¿no? – Asintió – pásalo en grande.
Cris: lo intentaré –mirando el reloj nerviosa.
Yo: ¿esperas a alguien? –pregunté casi sin querer.
Cris: al taxi… -respiré aliviado al saber que no esperaba a nadie en concreto.
Yo: pues te hago compañía hasta que llegué…
Cris: no hace falta –sentándose en el bordillo de la calle.
Yo: yo creo que si –sentándome a su lado.

Se creo un silencio un tanto incomodo entre nosotros hasta que me decidí hablar.
Yo: y… ¿vas a irte de vacaciones? –fue la primera pregunta que se me ocurrió.
Cris: si –mirando a la carretera – me voy con Irene unos días – volví a sonreír al conocer a su acompañante - ¿tú?
Yo: no… tengo que preparar todo lo del nuevo programa…

Justo en ese momento, cuando parecía que íbamos a poder tener una conversación tranquila llegó el taxi.

Cris: bueno –poniéndose de pie – hasta que nos volvamos a ver.
Yo: ¿y cuando será eso? –poniéndome a su altura – si parece que ya nunca más voy a volver a verte…
Cris: eso parece – la acompañe hasta el taxi – adiós – abriendo la puerta de este -  te desearía suerte en tu nuevo proyecto, pero sé que no la necesitas. Tienes un don para hacer reír a la gente y sé que todo va a salirte bien…

Cris intento adentrarse en el taxi pero la detuve.
Yo: ¿no me vas a dar un beso de despedida? –me miró sorprendida – ni siquiera en la mejilla – Cris me sonrió mientras negaba con la cabeza. Volvió a intentar meterse en el taxi pero mis palabras la detuvieron nuevamente - ¿un abrazo? – apoyándome en la puerta del taxi que estaba abierta.
Cris: tampoco –agachando la cabeza.
Yo: ¿un apretón de manos? – sonaba desesperado, sabía que ese sería el último instante.
Cris sonrió y sin más extendió el brazo, yo apreté su mano con fuerza mientras los ojos se me llenaban de lágrimas.
Yo: jamás podré perdonarme haberte perdido…
Cris: lo sé – entrando esta vez sí en el coche - cuídate mucho…
Yo: tú también – el taxi arrancó y creo que Cris no logró escuchar mis últimas palabras – ojalá me siguieras cuidando tú…

capítulo 146: última noche



Casi sin darnos cuenta estábamos los 5 sentados en la mesa a punto de despedirnos. Cada uno dijo unas pocas palabras de agradecimiento y en un abrir y cerrar de ojos, todo había terminado.

La gente en el plató empezó a llorar, fue como si hasta ese último instante nadie quisiera creer que esto terminaba, como si no se hubieran dado cuenta hasta entonces.

Casi todos estaban llorando pero a mi solo me importaba ella. Estaba abrazaba a Anna, no podía verle bien la cara pero podía escucharla llorar.

Quería, deseaba ir hasta ella. Abrazarla, calmarla como fuera. Decirle que aunque esto terminara sabía que le esperaban demasiadas cosas buenas, pero había perdido ese derecho.

Ahora mis brazos no eran los que podían calmarla, solo le recordaban todo lo que había destrozado…

Tras despedirnos de la gente que había ido a ver el último programa todos quedamos para ir a tomar algo y posteriormente para cenar.

Iba rumbo a mi camerino cuando escuche a Cris hablar por teléfono…

Cris: bueno esta siendo duro, pero ya lo vivimos con el selo… la historia se repite – por su comentario imagine que hablaba con alguien del selo – lo sé Patri – sonreí al saber que hablaba con ella – pero bueno que no te llamaba por eso –la escuché reír - ¿estás nerviosa? Mañana es tu día – había olvidado que la boda de Patricia era mañana – es normal yo estaría peor que tú – parecía que se le quebraba la voz – si… Dani y yo… también nos queda poco –parecía que aun no le había contado a Patri lo sucedido – por cierto Dani no va a venir al final – efectivamente Patricia no sabía nada, supongo que Cris no quería molestarla con sus cosas a pocos días de su boda – está liado con lo del festival que está preparando y no puede venir – fue inevitable soltar una pequeña carcajada, Cris mentía realmente mal – si en sábado, es raro pero es que no tiene más tiempo – como me imaginaba Patri tampoco se estaba tragando la excusa -  que no tonta, claro que estamos bien – intentaba sonar convincente – vale –volvió a reír – me dejaré la vida para conseguir el ramo – suspiro – ya sé que soy la próxima … - volvía a notar que se le quebraba la voz – te quiero y tranquila que mañana toda va a salir bien. Dudo que Carlos sea tan subnormal para cagarla y dejarte escapar, no es como otros – sabía perfectamente que “otros” en esa frase significaba “Dani” – tranquila yo me entiendo –parecía que la conversación estaba a punto de terminar – un beso y hasta mañana.

Antes de que saliera de su camerino me metí rápidamente al mio para que no me viera y casi sin darme cuenta ye tenía el móvil entre mis manos escribiéndole un what:

“mañana tienes una boda, disfruta de ella… mañana no serás la protagonista, pero el 2 de Agosto todavía puedes serlo”

Guardé el móvil en el bolsillo nada más enviárselo. Sabía que no iba haber respuesta por su parte, pero necesitaba que supiera que seguía estando  ahí. Que seguía esperando un milagro…

Me cambie y fui rumbo al bar donde habíamos quedado todos. Como siempre llegué el último, todos estaban ya en la terraza sentados y solo había un sitio libre, bastante alejado de Cris.

Tomamos unas cuantas cervezas hasta que se hizo de noche. Decidimos ir a comer a un restaurante y algunos, entre los que me incluyo, decidimos pasar primero por casa para darnos una ducha.

Cris también fue una de las que se fue a casa. Escuché como se despedía.
Cris: -hablando con Anna – yo voy a casa, tengo que hacer la maleta para mañana…
Anna: ¿quieres que te acompañe? Mira que te conozco y como te apalanques en casa ya no sales.
Cris: que no –dándole un pequeño golpe en el hombro – es la última noche que estaremos todos juntas hasta uff...
Anna: no me digas eso –poniéndose triste y provocando que Cris la abrazara.

Iba a irme sin terminar de escuchar la conversación hasta que escuché algo que me descolocó.
Anna:¿ y te irás directamente de Mallorca ahí?
Cris: no –sonriendo – me quedaré en Madrid un par de días y luego nos vamos…
¿nos? ¿en plural? ¿Dónde se va? ¿Con quien? ¿Cuánto tiempo? …

Berni: ¿nos vamos? – devolviéndome a la realidad.
Yo: si… -poniendo rumbo hacia el coche.
Le había dicho a Berni que si quería lo acercaba a su casa para que se arreglara y luego pasaba a recogerlo.

Estamos en el coche, un silencio bastante incomodo. Sabía que quería preguntarme por Cris, por como estaba pero no se atrevía, así que se lo intenté poner fácil

Yo: estoy bien –intentando sonreír.
Berni: ¿seguro?
Yo: no… pero ha sido mi culpa, así que no puedo hacer otra cosa que intentar estar bien, intentar sobrellevarlo… ella no va a volver y si vuelve tardará mucho en hacerlo…